04:35Eutanasia, nueva longevidad y desigualdad: quién decide el final de la vida cuando el dolor y la dependencia se extienden por años

El debate volvió a escena con una película romántica, pero abre preguntas incómodas sobre autonomía, egoísmo, cuidados paliativos y el riesgo de elegir morir en sociedades que no garantizan el derecho a no sufrir

La chica de pueblo, alegre y charlatana, que le devuelve la alegría de vivir al joven millonario después del accidente que lo dejó postrado promete ser una historia de amor desde Heidi en adelante. Mucho más si es en la campiña británica. Así de relajada me senté a ver Antes de ti, primera en el ranking de Netflix en Argentina. Y sigo llorando y pensando, tres días después. Es una historia de amor, sí, pero también de decisiones trascendentes: quién puede decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida, qué dolores se consideran tolerables y de qué lado de la mecha está el egoísmo cuando todos dicen amar y querer lo mejor.

Uruguay, por vía legislativa, y Colombia, desde la Justicia, avanzaron en Latinoamérica en la regulación del derecho personal a decidir cuándo poner fin a la propia vida. En la Argentina, varios proyectos en el Congreso esperan ser debatidos alguna vez. Como ocurre en muchos análisis sobre el final de la vida, hay un acuerdo más amplio cuando se mira el límite extremo, pero las preguntas empiezan a multiplicarse apenas ese límite se corre: el cuándo, hasta dónde y qué implica abre dilemas éticos, morales y religiosos. ¿Quién decide qué vida es invivible? ¿Es el dolor físico el único insoportable? Con los avances actuales de la Medicina, ¿qué se considera sin retorno?

La nueva longevidad y la perspectiva de alargar la vida muchos años reconfiguran el debate. Vivimos más. Se prolongan diagnósticos, tratamientos, dependencias. Hay más años por delante y, con ellos, más tiempo para el desgaste. La pregunta ya no es solamente cuánto vamos a vivir. Es cómo. Y, en el borde, otra que incomoda: primero, hasta cuándo. Y después, quién decide eso.

Antes de la eutanasia, y de los cuidados paliativos, hay un camino que se va sembrando paso a paso. ¿Cuándo deja de tener peso la decisión de los padres y pasa a valer más la de los hijos? El Código Civil establece con muchas precisiones cuándo una persona empieza a tomar decisiones sobre su cuerpo, su salud, sus bienes. Nada dice sobre el final de ese proceso. El expresidente Mauricio Macri presentó recientemente un libro tratando de demostrar que su padre ya no podía tomar decisiones en el final de su vida y, aunque no lo dijo explícitamente, en su momento presentó una apelación para declararlo insano y prohibirle manejar su fortuna. Me involucró en ese debate mencionándome en apariciones públicas. Sí, es cierto. Conversé largamente con él y con su padre durante la investigación para mi libro El Pibe. Era un debate familiar que expuso un vacío legal y sigue siendo un debate ético sin respuesta.

Hijos que sienten que sus padres están resolviendo mal situaciones económicas, que eso los despojará de su herencia o que, al menos, los dejará llenos de problemas por resolver. ¿Cuál es hoy el límite de la autonomía y la voluntad en una sociedad que parece empujarnos cada vez más rápido a cruzar la frontera de los cien años?

Pero volvamos a la discusión del amor y no del dinero. Hay una escena extraordinaria en Antes de ti —en la orilla del mar y bajo un cielo estrellado, obvio— cuando él le explica, con las palabras más bellas y precisas posibles, por qué ya no es él, por qué ya no quiere ese cuerpo ni esa vida. No le habla solo del dolor físico al despertarse cada mañana: le habla de querer preservar la memoria del cuerpo que habitó y ya no habita. Y ella llora, sufre, y le dice: “You are so selfish, Will”. Egoísta. Egoísta porque no piensa en ella, porque no piensa en su madre, porque no piensa en los que lo quieren y lo quieren conservar… como sea. ¿Alguien piensa en él? ¿Dónde queda su deseo en esa ecuación?

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