Cómo el ejercicio mejora las tasas de supervivencia en pacientes con cáncer de colon

Un análisis reciente demuestra que el entrenamiento regular podría ser clave para aumentar la esperanza de vida de quienes superaron esta enfermedad. En el Día Mundial de la Actividad Física, cuál es su impacto en el organismo

El cáncer de colon es la segunda causa de muerte por cáncer a nivel mundial, además de ser el tercer tipo más frecuente de la afección, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). A pesar de los avances en cirugía y quimioterapia, muchos pacientes que sobreviven al tratamiento enfrentan una realidad preocupante: sus tasas de supervivencia a largo plazo son, en promedio, más bajas que las de personas de su misma edad y sexo que no tuvieron la enfermedad. En el Día Mundial de la Actividad Física, los detalles de una investigación reciente que sugiere una herramienta al alcance de muchos que podría marcar una diferencia decisiva: el ejercicio.

Los resultados mostraron que quienes realizaban al menos 18 MET-horas por semana tenían tasas de supervivencia que se acercaban o incluso igualaban a las de la población general. En cambio, aquellos con menos de 3 MET-horas semanales —una actividad física muy baja— mostraban diferencias de hasta 17 puntos porcentuales en la tasa de supervivencia a tres años, según el ensayo clínico en el que habían participado.

La diferencia fue aún más notable en pacientes cuyo cáncer reapareció. En estos casos, quienes tenían niveles bajos de ejercicio mostraban cifras 50,5% inferiores a las de la población general emparejada, mientras que aquellos que eran físicamente activos tenían una diferencia del 33,2%. Así lo señaló también Jeffrey Meyerhardt, coautor del estudio y director del Centro de Cuidado de Colon y Recto en Dana-Farber: “Quienes eran más activos presentaban mejoras en la supervivencia, incluso si su cáncer reaparecía”.

Los datos que sustentan esta conclusión provienen de dos análisis realizados con varios años de diferencia. El primero, CALGB 89803, reclutó pacientes entre 1999 y 2002; el segundo, CALGB 80702, entre 2010 y 2016. Ambos, se diseñaron para evaluar distintos tratamientos de quimioterapia tras la cirugía de cáncer de colon en estadio III. Sin embargo, un subgrupo aceptó participar en una evaluación paralela sobre factores de estilo de vida y completar cuestionarios validados que incluían sus hábitos de actividad física.

En total, 2.876 individuos informaron sus niveles de ejercicio en dos momentos: a mitad de la quimioterapia y seis meses después de finalizarla. Con un seguimiento promedio de seis años para CALGB 89803 y de casi la misma duración para CALGB 80702, los investigadores pudieron comparar la evolución de la supervivencia en función de cuán activos eran los pacientes tras el tratamiento.

Al clasificar a los participantes según tres niveles de ejercicio (menos de 3, entre 3 y 18, y 18 o más MET-horas semanales), se observó un patrón consistente: a mayor actividad física, menor fue la diferencia de supervivencia con respecto a la población general.

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