El diario secreto de María Gabriela Epumer: el documental hecho con más de 50 horas de grabaciones en primera persona

Hay una cámara que se enciende en movimiento. Muestra el asfalto de una autopista rumbo a Valencia, la intimidad de un show en El Calafate, la serenidad serrana de El Alcázar o el backstage antes de salir a tocar frente a un público multitudinario.

No hay placas explicativas, ni nombres impresos en pantalla hasta los créditos finales, salvo una leyenda inicial: “María Gabriela Epumer registró con su cámara, una parte de su vida, desde 1995 hasta 2003, cuando murió inesperadamente. Ese material fue conservado intacto por sus hermanos, Claudia y Lito, durante más de 20 años. Con sus imágenes y sonidos hicimos esta película”.

Construido a partir de más de 50 horas de material audiovisual inédito, el 12 de noviembre próximo llega a los cines Perfume, una película de María Gabriela Epumer. El documental, producido por Pensar con las Manos y Los Besos Contenidos, escapa de la biopic tradicional para convertirse en un material valioso por su carácter de inédito donde María Gabriela registró con su propia lente la cocina de su vida cotidiana y musical.

Epumer, en 1999MAURO MORA

“La familia Epumer tuvo una enorme generosidad y confianza al darnos ese tesoro que fueron las cajas de María, aún sin saber del todo qué contenían. Hubo un acuerdo común desde el inicio que tenía que ver con que lo más importante era la obra de María y su capacidad como artista. A lo largo del proceso, les íbamos contando los avances, pero recién cuando tuvimos un primer corte de la película entera hicimos una proyección con la familia y parte del equipo”, cuenta la directora Lucía Ruiz.

Y añade: “Fue un momento muy conmovedor en el que vieron por primera vez muchas imágenes que desconocían, además de todo lo que implica volver a ver y escuchar a un ser amado que se fue tan repentinamente. Y su devolución fue muy hermosa porque nos dijeron que vieron a su hermana como ella era y, al mismo tiempo, que refleja la vida de una artista”.

El origen del proyecto implicó una búsqueda casi artesanal por parte de la realizadora junto a la codirectora, guionista y productora Andrea Testa. Como explica la propia Testa: “La película se nos presentó con el desafío de sostener un pensamiento en paralelo entre el proceso de visualización y la escritura del guion, que por momentos era temática y por momentos se transformaba en algo más difícil de clasificar, que emergían con una energía distinta, o por el movimiento de la cámara o por miradas de María Gabriela Epumer. Fue un proceso arqueológico para encontrar algo más que lo que aparecía en las primeras visualizaciones de cada tape, y así fuimos tejiendo ese entramado del relato con la complejidad de que no estaba filmado a tales fines”.

Epumer, junto a Charly García en 1999PATRICK HAAR

En escena y en el backstage, Epumer aparece como esa presencia imprescindible del rock argentino. Entre los pasajes más destacados, se la ve junto a Charly García —con una remera rayada, el bigote bicolor, las uñas pintadas de rojo y un whisky al alcance de la mano— ensayando y tocando no solo como su coequiper musical, sino como su principal aliada, capaz de sostenerlo en el centro del huracán.

El recorrido audiovisual funciona como un rompecabezas de su carrera y también afectivo donde conviven la intimidad del ensayo y la escala multitudinaria de los estadios. Las imágenes rescatan también la trastienda de la mítica reunión por el 25° aniversario de la despedida de Sui Generis en los estudios Circo Beat (2000), entre pruebas de sonido y bromas cómplices con Nito Mestre, León Gieco, Fabiana Cantilo, Pedro Aznar y Gustavo Cerati.

El documental se realizó con grabaciones que la cantante registró desde 1995 hasta 2003

“Nos vamos a casar pronto, la corrompí, rock al poder… te contrato como Secretaria de Corrupción”, le dedica Charly en otro tramo, con la complicidad tácita de su compañera.

Esa misma naturalidad se traslada a otros cruces de geografías: desde una terraza sobre la Avenida 9 de Julio hasta el backstage para salir a escena con Las Chicas, como teloneras de la presentación del disco “El amor después del amor” de Fito Páez, en el Estadio de Vélez Sarsfield.

En medio de la efervescencia del ambiente rockero, la voz de Epumer emerge serena en diversas entrevistas —como una charla televisiva en el programa Argentina genial, conducido por el Gato Dumas en San Juan (2000) — y reflexiones informales: “Me gusta el silencio, la tranquilidad”.

La película registra ese hilo invisible que une su música con la memoria ancestral en una emotiva secuencia, durante la Ceremonia de restitución de los restos mortales del cacique Panguitruz Nürü / Mariano Rosas en Levucó (La Pampa), pasajes donde resuena su tema “Princesa Ranquel”. “Tengo raíces bastante fuertes mapuches y ranqueles. Mi tatarabuelo era un cacique ranquel”, recordaba en el período de lanzamiento de Perfume (2000).

El material rescata además la calidez de sus presentaciones intimistas como los acústicos en el local porteño de Tower Records tocando versos de “Ahí va” (“Quiero entrar / en tus cosas pensar / abrir cada cuaderno y dejarlo en su lugar”), o las zapadas y shows en vivo junto a la formación que la acompañó en su etapa solista: Christian Basso en contrabajo, Martín Millán en batería y Fernando Kabusacki en guitarra.

Como señalan las realizadoras, una de las cosas que quedó en evidencia desde un comienzo es que María Gabriela había tenido una gran conciencia al dejar registrado todo lo que estaba haciendo con su trabajo y lo había dejado todo nombrado y ordenado. “Ahí vimos un mensaje, una intención. Entendimos que ella era quién se estaba contando a sí misma y que eso era único. Sus imágenes y sonidos tenían una fortaleza y una vitalidad que estaba por encima de otros tipos de relato, y que la película podía ser un canal para que todo eso tenga lugar y sea amplificado. Fuimos haciendo muchas pruebas con otros archivos, hicimos encuentros con sus amigos y amigas, familiares, viajamos a La Pampa donde ella había participado —y filmado— en la ceremonia de restitución de restos de un cacique ranquel, pensamos entrevistas y otras formas, pero finalmente su material era más potente, más claro, más luminoso. Así fue decantando en lo que es hoy Perfume, a lo largo de seis años de trabajo”, señala la directora Lucía Ruiz.

“Teníamos la necesidad de traspasar la pantalla, que se construya una atmósfera en la que podamos estar cada vez más cerca de la protagonista, como si pudiéramos al final de la película sentir a María Gabriela Epumer abrazándonos, mirándonos a los ojos, como un mensaje del más allá. Una película musical requería esa predisposición distinta al ver y al escuchar. Tener tiempo, mirada, sentir”, aporta la guionista y productora Andrea Testa.

En el tramo final resuenan los versos de “Desierto corazón”, la bossa nova coescrita con Basso, y la voz de María Gabriela se siente cercana y suave como un murmullo al oído : “Escapé/ mil veces del mismo lugar / Respiré / que sin tu amor ya no es igual / Elegí / la tarde para regresar / Caminé / los mismos pasos sin mirar / El viento me dejó / Desierto el corazón”.

A través de las tomas caseras, el espectador entra a la dimensión poética de una artista que sabía detenerse en los detalles. Un legado en imágenes y sonido que conserva la frescura e intimidad intactas del primer día.

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