De lo monstruoso a lo humano: Rigoletto, la versión de Juventus Lyrica que se estrena el viernes en el Avenida

Para 1851, Verdi había compuesto las quince óperas de sus “años de galera”, como él mismo denominó a ese período previo a la consagración de su nueva obra maestra. Una ópera que, por el impacto de la trama, la innovación en la estructura y la efectividad de las melodías, allanó el camino a los dos títulos siguientes (Il Trovatore y La Traviata) y al éxito superlativo que pasó a la posteridad como la victoria de la “trilogía popular” verdiana. En ese punto de inflexión, el maestro compuso un drama musical a la altura de las más grandes plumas teatrales. Basado en Le Roi s’asume del francés Victor Hugo, nació el antihéroe de la corte de Mantua: Rigoletto, el bufón. La historia del jorobado y la maldición que cae sobre su amada hija Gilda.

Basta mencionar el aria del tenor La Donna è mobile, para dimensionar la magnitud de su fama. O el bellísimo cuarteto Bella figlia del amore para comprobar la eficacia dramática del compositor maduro.

Sobre las aristas del icónico personaje, LA NACION dialogó con Juan Salvador Trupia, barítono que encarna el protagónico en la nueva producción que Juventus Lyrica presenta desde el viernes bajo la dirección musical de André Dos Santos y la dirección escénica de María Jaunarena.

“El desafío de este rol tiene dos características que lo hacen complejo —explica el cantante español nacido en Oviedo, radicado en la Argentina desde su infancia y formado como violinista en el Conservatorio Nacional de Música—: la vocalidad del famoso período central, el Verdi en el apogeo de su creatividad y conocimiento de la voz humana. Y la psicología del personaje de padre. Los padres en Verdi revisten una cuestión afectiva profunda vinculada a las pérdidas y el dolor de su propia vida. La del padre que no pudo ser por las muertes tempranas de sus hijos. O sea, la vocalidad extrema y el devenir del personaje y el drama”.

Juan Salvador Trupia, en RigolettoGentileza

−¿Cómo se traduce vocalmente la dualidad de Rigoletto, entre el bufón cínico que disfruta la desgracia ajena y el padre sobreprotector que sufre el tormento sobre su hija?

−En el diseño vocal es donde justamente se comprueba la maestría de Verdi. Rigoletto, que es uno de esos 5 a 10 papeles con el que sueña todo barítono, abarca todo el abanico de las pasiones humanas: de lo maravilloso a lo horrendo, de lo monstruoso a lo humano, del miedo a la ternura. Es lo bueno y lo malo a la vez. Y eso está muy claro en los dúos que tienen con Gilda. Es el padre de las buenas intenciones, pero también el represor que la encierra y la priva de su libertad para preservarla del mundo. Esa dualidad pasa de una frase a la otra, de la violencia y una carga dramática tremendas, a lo que llamamos la línea de canto dulce. Del terror a la dulzura más tierna. Y Verdi lo hace con una escritura magistral. También con la orquesta que pasa de acompañamientos como truenos a otros con instrumentaciones delicadas.

−¿Qué resulta más arriesgado para el cantante en cuanto al equilibrio con la sonoridad de la orquesta: que el caudal no le cubra la voz o que la escasa instrumentación lo deje sin referencias?

−Cuantos menos instrumentos tocan, más expuesto queda el cantante. Para esos momentos de ternura, Verdi elige muy bien la orquestación. Deja muy pocos instrumentos, pero siempre te ayuda. Pone un ritmo por debajo, aunque sea un pizzicato de cuerdas, claro y preciso, para tener donde apoyarse. Cuando hay menos instrumentos, la orquesta es muy suave y las referencias son menos nítidas. Ahí está el trabajo de nuestro director, André Dos Santos, que, como amante de la ópera y las voces líricas, está siempre allí cuidando nuestro desempeño y ayudándonos a vincular esos mundos expresivos diametralmente opuestos.

−¿Cómo describís ese momento crucial que es el aria del 2º acto (Cortiggiani, vil raza dannata) donde acusa a los aristócratas y luego les suplica desesperadamente?

−Son dos arias en una. Podrían ser dos arias distintas. De la ira y la violencia al pedido de piedad. El tema del vínculo con Gilda siempre me resultó poderoso. Es el tema de los padres en escena. En el primer acto, está el miedo a que le suceda algo malo, entonces la encierra. En el segundo, el desgarro al escuchar cómo la raptan y la violan ¡no se me ocurre pesadilla más espantosa para un padre que esa! Y en el último acto, la muerte de Gilda en sus propios brazos. Volviendo al comienzo, creo que la catarsis de estos personajes tiene que ver con la historia del propio Verdi, una emoción suya por la que logra una profundidad dramática extraordinaria.

−Respecto de la caracterización y la incomodidad que resulta la postura encorvada para el cantante ¿Cómo has trabajado ese aspecto?

−Varias semanas antes de poner la giba, trabajamos en encontrar el cuerpo del personaje. Mi Rigoletto, además de la joroba, tiene las piernas desacomodadas, con lo cual no solo renguea, sino que reduce drásticamente su estatura. Verdi le dijo a Piave (el libretista): “quiero un deforme hermoso”. Quería que al final de la ópera, el público amara al personaje. Porque si bien en la primera escena es un ser detestable al que solo se lo puede odiar, como la vida es compleja, Verdi luego se encarga de contarnos, más allá del bufón del duque, quién es en el fondo Rigoletto.

Con la marca de Juventus Lyrica

“Como en todos los trabajos de Juventus —concluye Trupia invitando al público a acompañar la propuesta—, se verán las características típicas de la compañía: respeto por el lugar y el tiempo de la historia, un vestuario deslumbrante y un gran diseño de iluminación. Y por supuesto, lo más distintivo: convertir a los cantantes en actores porque si bien contamos con la ventaja de la música que prepara la escena, se nos exige un compromiso actoral absoluto con el rol y el drama. Y ese trabajo teatral es la marca que define a Juventus Lyrica”.

Para agendar

Rigoletto. Ópera en 3 actos de Giuseppe Verdi con libreto en italiano de Francesco Maria Piave. Dirección musical: André Dos Santos. Dirección escénica y vestuario: María Jaunarena. Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova. Elenco: Juan Salvador Trupia/Fernando Grassi (Rigoletto), María Lucía González (Gilda), Nazareth Aufe / Iván Vega (Duca), Cristian de Marco / Víctor Chávez (Sparafucile), Eugenia Fuente / Luz Matas (Maddalena) y elenco. Viernes 16, a las 20. Próximas funciones: 18, 23 y 24 de octubre. Teatro Avenida

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