Ronnie Wood: del nuevo disco de los Rolling Stones a por qué ya no pueden tocar una de sus mejores canciones
LONDRES.-Llega como suele hacerlo una estrella: rodeado de un séquito de colaboradores y generando un cambio inmediato en el ambiente. Taza de café en mano, tras 16 años de sobriedad, Ronnie Wood, de 79 años, exuda el aura de leyenda que solo los integrantes de The Rolling Stones pueden permitir.
La banda británica publica el 10 de julio Foreign Tongues, su 25º álbum de estudio, y el guitarrista está exultante: “Definitivamente, no se nos está agotando la creatividad. Hemos elevado el nivel y eso es lo que nos da el entusiasmo para continuar. Siempre buscando cómo llegar más alto, la ambición de ir más allá”.
Wood no exagera demasiado. El disco llega apenas tres años después de que Hackney Diamonds, primer trabajo de los Stones con canciones nuevas en 18 años, sorprendiese como uno de sus mejores trabajos de sus últimos años. Foreign Tongues apunta guitarras instantáneamente reconocibles y una energía impropia de unos octogenarios como ellos. “Este álbum es mejor que Hackney Diamonds, hay continuidad, pero es mejor”, cuenta Wood, convencido, durante una conversación con este periódico en un lujoso hotel de Londres.
Como ya hiciera con Hackney Diamonds, el responsable de la alquimia es el productor neoyorquino Andrew Watt, quien vuelve a demostrar su infalibilidad a la hora de sacar lo mejor de veteranos como Elton John, Paul McCartney o Iggy Pop. Ronnie Wood tiene claro por qué funciona: “La magia que nos brinda Andrew es el sentido del tiempo. Todo el mundo le dice que sí, porque es tan organizado que consigue que las cosas se hagan”.
“Tenemos un gran piloto en Andrew, nos presiona para bien”, insiste, y si es difícil imaginar a un tipo de 35 años dándole órdenes a los mismísimos Rolling Stones, el guitarrista tiene la explicación: “Creo que necesitamos eso. Habitualmente, Keith [Richards] se queja, en plan: ‘Nadie manda sobre mí’, pero de Andrew lo acepta, todos los hacemos. Te dice: ‘Hacés tu parte de guitarra la semana que viene y lo acabás’. Normalmente, queremos más tiempo, pero con Andrew asumes: ‘Ok, lo haré’. Fue muy bueno tener esa organización”. Con todo, reconoce que un gran álbum no sale únicamente por buena logística y un rígido calendario: “Por supuesto, todo esto no significaría nada si la música no fuera buena. Pero sabemos que la música está ahí”.
Foreign Tongues cuenta con colaboradores habituales como Darryl Jones, Matt Clifford o Steve Jordan; e invitados de lujo como Paul McCartney, Robert Smith, de The Cure y Chad Smith, baterista de los Red Hot Chili Peppers. Pero la contribución más emocionante para Wood es la de Charlie Watts, el mítico baterista fallecido en 2021, quien aparece en el tema “Hit Me On The Head”, aprovechando material de una de sus últimas sesiones de grabación. “Charlie siempre está con nosotros, en el aire”, dice el guitarrista.
Como buen músico, Wood recurre reiteradamente a onomatopeyas para enfatizar una idea. Sus sonidos reproducen acordes, aspiraciones y objetivos. El artista forma parte de la estirpe de los viejos rockeros, esa raza que ha superado batallas de ego, décadas de excesos y que despliega el temple de quien lo ha visto prácticamente todo. Padre de 6 hijos de edades comprendidas entre 49 y 10 años, los que acaban de cumplir las gemelas que comparte con su tercera esposa, la productora británica Sally Humphreys. Además es abuelo de seis nietos, el mayor de 24 años. Ronnie es consciente del legado que entraña la marca Rolling Stones: “Es maravilloso que las nuevas generaciones nos escuchen. Es un honor”.
Con un entusiasmo atípico en alguien a un año de estrenarse como octogenario y con dos roces con el cáncer (de pulmón en 2017 y una forma agresiva de carcinoma durante la pandemia de Covid), Wood confía en salir de gira con sus compañeros en 2027. “Hay esperanza en que [el tour] tenga lugar el próximo año. Esperemos. Antes vi a Mick [Jagger] y él está en plan: ‘Vamos, toquemos, queremos tocar’ [imita la voz del cantante]. Así que tenemos el entusiasmo”, explica, con una concesión subliminal a la realidad indisputable de que volver a los escenarios no depende exclusivamente de su voluntad. La gira prevista para 2026 tuvo que ser cancelada debido a los problemas de Keith Richards con la artritis.
Entre actuar en directo y la energía de un estudio, Wood considera “ambos un placer, en su propio estilo”. “Tenemos la oportunidad de examinarnos más en el estudio, puedes analizar más lo que estás tocando, escucharlo de nuevo. La mayoría de las veces, te sale de una tocada, pero puede que quieras introducir algún arreglo y tienes la oportunidad, mientras en directo, no. Estás en lo más profundo”, explica.
De regresar a los escenarios con Jagger y Richards, Wood no tendría problema en reeditar clásicos como “(I Can’t Get No) Satisfaction”. En contra de la asunción popular, al guitarrista no le cansa: “Interpretarla es como un puzle gigante, movemos piezas de un concierto a otro. La tocamos de manera diferente cada noche. La canción nunca se hace aburrida, siempre se mantiene fresca, porque nunca la tocamos de la misma manera”.
En una potencial gira, por el contrario, los fans seguirán sin poder escuchar “Brown Sugar”, eliminada del repertorio en directo por la controversia causada por letras que hacen referencia al abuso sexual en la esclavitud o al consumo de drogas. El propio Mick Jagger ha confesado que hoy en día no la hubiera escrito igual, pero su compañero considera “triste” retirarla. “¿Qué demonios está pasando? Es una de nuestras mejores canciones. ‘Brown Sugar’ son solo palabras, no es nada personal, no entiendo por qué es mejor no tocarla”. Si bien reconoce que prefieren no hacerlo “para no causar revuelo”.
Consultado sobre si hay riesgo de censura en la cultura actual, Wood es contundente, transitando incluso en el filo de la corrección política: “Vivimos en esta condenada era en la que no podemos ser libres con las palabras. Uno no quiere hacerle daño a nadie cuando dice ciertas cosas, es solo una expresión. Pero de repente te dicen: ‘no puedes decir eso’. Y tú te quedas: ‘no lo sabía, no quería ofender”. No obstante, admite que “es mejor respetar las reglas”. “De lo contrario, la gente puede acabar con tu carrera. Si dices algo equivocado: ‘Boicot, estás fuera’. Es muy injusto”, denuncia.
“Necesitamos todo tipo de colores y sabores en la música”
Miembro oficial de los Rolling Stones desde 1976 y fundador previamente de The Faces con su gran amigo y padrino de boda Rod Stewart, del protagonismo creciente del idioma español en el panorama musical, Wood conoce a Bad Bunny, pero menos a Rosalía: “He escuchado su nombre [el de la autora de Lux], pero no su música”. Del cantante puertorriqueño considera su actuación en el descanso del Super Bowl “bastante impresionante”. “Le deseo lo mejor, necesitamos todo tipo de colores y sabores en la música. Hay espacio para todos”, otorga.
Con una trayectoria paralela como artista visual, Ronnie Wood había demostrado ya de niño talento para la pintura. Al principio de la década de los 60 estudió en el Ealing College of Art, donde coincidió con otro futuro ícono, Pete Townshend, de The Who. Entre sus influencias artísticas está Henri Matisse, Vincent Van Gogh y, sobre todo, Pablo Picasso. “Era capaz de transmitir más con un solo brochazo de lo que mucha gente hace en una vida entera”, dice Wood, quien llegó a crear una colección en la que reinterpretaba trabajos del pintor español, los Picasso Stones, sustituyendo las figuras originales por los integrantes de la banda.
Enjuto como una figura del Greco, Wood es la prueba de que los viejos rockeros no lo son únicamente por años y kilómetros acumulados, sino por una exquisita profesionalidad. Extraordinariamente accesible e intencionadamente amable, cuenta que estaba a punto de celebrar una fiesta conjunta de cumpleaños con el actor Brian Cox, notorio por su interpretación del temible patriarca de la serie Succession, con quien comparte fecha de nacimiento. También que preveía visitar una vivienda que tiene en Barcelona la semana siguiente a la entrevista y que el Prado es su “museo favorito”.
Encuentra “maravilloso, absolutamente punk”, que esta periodista sufriera un agujero en las medias justo antes de la entrevista. Y, horas después, es capaz de volver a sorprender, deteniendo el monumental vehículo donde viaja tras la jornada promocional, bajando la ventanilla de cristales tintados para saludar efusivamente, lanzando besos, a la entrevistadora de las medias rotas, tras avistarla desde el coche por las lluviosas calles de Londres.

Los comentarios están cerrados.