Música: un viaje del intimismo austríaco a la melancolía nórdica
Coincidiendo con la celebración de este domingo, una de las canciones del ciclo de Alma Mahler, que la destacada soprano Daniela Tabernig interpretará junto a la pianista Fernanda Morello, se titula “En el jardín de mi padre”. Una perla que el consolidado dúo de más de una década de trayectoria, ofrece a modo de confidencias poético-musicales en su Liederabend —como se denomina el formato de concierto dedicado al Lied (o canción de cámara, en alemán)—, este domingo de junio, Día del Padre, en la Usina del Arte. El programa, presentado recientemente en el Salón Dorado del Teatro Colón, consta de tres partes sin intervalo, una breve introducción de las historias (que se entregarán impresas al público antes del recital) y una selección de piezas de ciclos famosos del descollante matrimonio de Alma y Gustav Mahler, y del compositor noruego Edvard Grieg
En el jardín de mi padre florece mi corazón… “Es una canción llena de imágenes y colores increíbles —comenta sobre los versos la cantante argentina radicada en España—. Alma fue una compositora genial, de una capacidad intelectual y artística extraordinaria, que por la época que le tocó vivir, quedó relegada a la sombra del esposo, sin el desarrollo y la trascendencia que su talento merecía.” Entre los rasgos sobresalientes de su música, Tabernig menciona la creatividad con que creaba las armonías y la originalidad con que las conjugaba con la palabra. “Aún en lo espontaneo de su discurso, que nunca es previsible, sus melodías captan el oído e impregnan la memoria de inmediato.”
-En el Lied, la poesía adquiere un rol preponderante ¿Qué diferencias hay para el cantante lírico entre la ópera y la canción?
-La gran diferencia entre la ópera y la música de cámara es el espacio de intimidad. El protagonista ya no es el teatro sino la poesía, gran inspiradora de los músicos. Aquí, uno va al concierto a escuchar un tipo de belleza que toca las fibras más íntimas y profundas del ser humano, siempre desde un lugar filosófico y existencial. Porque es una belleza que nos habla de la vida, de la muerte, del dolor, de la naturaleza… Tanto en la genialidad de Mahler en los Rückert-lieder como en la de Grieg, un compositor que adoro, en la frescura de sus melodías y expresividad.
-Antes de sumergirte en el universo del Lied, protagonizaste Dementia en el Teatro Colón (ópera de Strasnoy/Harwicz) ¿Qué representó musicalmente ese trabajo?
-Técnicamente fue un rol muy central así que me concentré en trabajar el centro y la proyección de la voz, y sobre todo la articulación del texto porque cantar en castellano es más difícil a la hora de desarrollar armónicos. Además, es el idioma que hablamos, de modo que, aun con subtitulado, la palabra se tiene que entender.
¿Es más difícil por algún factor fonético de la lengua, o por el tratamiento que hacen de la voz lírica el texto y la partitura?
-Las óperas contemporáneas tienden a un tratamiento vertiginoso del texto, todo es rápido y abrupto entre nota y nota, palabra y palabra. De manera que resulta difícil articularlo musicalmente, y tanto la proyección del sonido como la propia voz, lo sufren. Quienes me conocen, saben que mi hábitat preferido es el Verismo. Pero me gusta abrirme a experiencias diferentes y participar de algo nuevo, aunque sea polémico. En el caso de los compositores contemporáneos, nos encontramos con partituras difíciles tanto a nivel técnico como musical, de modo que los cantantes siempre agradecemos cuando dentro de lo posible las líneas están escritas de forma amable para nuestro instrumento que es la voz. Porque cuando nos enfrentarnos a partituras que implican una suerte de atletismo vocal que incluso daña el instrumento, resulta mucho más agotador que cualquier gran obra clásica de las más difíciles. Entonces, en ese punto nos preguntamos, como la gran China Zorrilla ¡¿Pourquoi, pourquoi?! (risas). Al final me quedé contenta con la aventura, con el clima de trabajo con mis colegas y la producción, y con la experiencia teatral porque la ópera es teatro cantado y yo disfruto interpretando roles que me demandan en la actuación.
-La ópera es el teatro cantado, y el Lied, la poesía cantada…
-Y es un género que me permite mostrar otras facetas de mí fuera de lo operístico. La música de cámara ocupa un lugar relevante en mi vida desde que comencé mis estudios con el famoso maestro Guillermo Opitz (1934-2024), a quien siempre recuerdo, que formó a muchísimos cantantes y dejó un vacío trascendental. Con Fernanda (Morello), con quien nos encontramos en un momento de madurez artística y humana, disfrutamos de la felicidad de compartir este legado valioso: Las canciones para piano y voz de Alma Mahler, el ciclo de Gustav tal como lo concibió en su cabaña en Maiernigg, y las evocaciones magistrales de Edvard Grieg. Del intimismo austríaco a la melancolía del paisaje nórdico y el folclore escandinavo, un recorrido encantador por este paisaje sonoro que es la canción de cámara.
Agenda
Recital de canto y piano. Daniela Tabernig (soprano) y Fernanda Morello (piano). Programa: selección de Alma Mahler (Cinco canciones 1910), Gustav Mahler (Rückert-Lieder) y Edvard Grieg (Nocturno op 54, Última primavera, Un cisne, Un sueño y otras canciones). Domingo 21, a las 11.30. Usina del Arte. Entrada libre y gratuita. Las ubicaciones se retiran desde las 11hs

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