Astrónomos descubren indicios directos de las primeras estrellas formadas tras el Big Bang
Nuevos datos obtenidos por el Telescopio Espacial James Webb permitieron identificar señales inequívocas de astros compuestos únicamente por hidrógeno y helio, surgidos en los primeros 400 millones de años del cosmos
Avances recientes del Telescopio Espacial James Webb han proporcionado evidencia concreta de la existencia de las primeras estrellas de Población III, un hallazgo que sitúa a la humanidad ante la posibilidad de observar directamente cómo eran estos astros 400 millones de años después del Big Bang.
El hallazgo clave se produjo en GN-z11, una de las galaxias más luminosas conocidas del universo temprano, localizada en un rango extremadamente lejano y observable solo gracias al poder del JWST.
El grupo de Elka Rusta de la Universidad de Florencia reportó la detección de una línea de emisión de hidrógeno en la misma zona, reforzando la solidez del hallazgo y proporcionando una medición independiente del entorno físico de Hebe. Ambos equipos coincidieron en que sus análisis espectrales no arrojaron señal alguna de metales, lo que constituye el indicador más robusto hasta ahora de haber encontrado astros de Población III.
La investigación de Rusta permitió, a partir de la relación helio-hidrógeno observada, estimar la masa probable de las estrellas responsables de las emisiones detectadas. Los modelos apoyados en estos datos sugieren que la mayor parte de estos cuerpos alcanzarían entre diez y cien veces la masa del Sol, información que respalda las teorías vigentes acerca de que las primeras estrellas en el universo fueron especialmente masivas y de vida corta.
Ambos estudios se valieron, además, de modelizaciones numéricas avanzadas mediante el uso del código NEFERTITI para analizar la distribución de galaxias con bajas concentraciones de metales en el universo temprano.
De confirmarse plenamente, esta observación marcaría un cambio de paradigma en la astrofísica, permitiendo analizar no solo la formación de las primeras estrellas, sino también su influencia en la evolución de las galaxias que terminaron construyendo el cosmos tal como lo conocemos. Como concluyen los equipos de Roberto Maiolino y Elka Rusta, estos estudios ofrecen por primera vez “pruebas claras” de la existencia de Población III y sientan las bases para una exploración sistemática de los orígenes de la estructura cósmica.

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