Entre la obligación de ganar y los rumores de reemplazantes, Marcelo Gallardo afrontará el examen más delicado de su segundo ciclo en River

Tras dos duras derrotas en el Torneo Apertura, el DT de River Plate afrontará un duelo cargado de presiones contra el humilde Ciudad Bolívar por la Copa Argentina el próximo martes

La leve brisa de recuperación, producto de dos victorias y un empate en el inicio del Torneo Apertura, habían oxigenado en el inicio de la nueva temporada el ambiente en River Plate, que se ilusionaba con el resurgimiento de Marcelo Gallardo luego de un 2025 para el olvido.

El problema, independientemente de los resultados, sigue figurando en el rendimiento del equipo. El error de Aníbal Moreno ante Tigre o el de Lucas Martínez Quarta contra Argentinos Juniors parecen presentarse más como un síntoma que como una causa. Fallas tan conceptuales como espirituales. Un mediocampista con un reciente llamado a la selección campeona del mundo que da un pase prohibido desde infantiles o un defensor con experiencia internacional desesperado por iniciar una contra de espaldas que termina en el gol triunfal del rival son sinónimos de una confusión más bien generalizada.

La imagen de entrenador infranqueable del primer ciclo se destiñó en esta segunda etapa ante la proyección de un equipo que no parece hallar ni solidez ni circuitos de juego. En ese contexto, algunos dirigentes no ocultan su cara de impaciencia por los pasillos del Monumental porque la llave del éxito que trajeron ante un capítulo irregular de Martín Demichelis parece cerrar más puertas que las que abre. El segundo ciclo de Gallardo, que se refleja en las dos eliminaciones por Copa Libertadores, la derrota en la Supercopa Internacional ante Talleres, la caídas en el Apertura y el Clausura y el traspié contra Independiente Rivadavia en Copa Argentina llevó al equipo a jugar la Copa Sudamericana 2026.

Lo que antes eran elogios desmedidos, ahora son especulaciones sobre su futuro, que muchos ya ven lejos de Núñez. “Cuando terminó el partido, que estaba con los ojos salidos, yo pensé que iba arriba y renunciaba. Te juro”, lo resumió el campeón del mundo Oscar Ruggeri en ESPN tras la categórica derrota contra Tigre.

En aquella breve conferencia de prensa posterior al partido contra el Matador, Gallardo buscó emitir un mensaje de autocrítica pero se preocupó también por intentar ahuyentar los fantasmas del pasado reciente. “Ya hablé de lo que fue el 2025, tengo la expectativa renovada y el equipo venía mostrando buenas cosas. Las derrotas, más como las de esta noche, van a tener tendencia a retraer lo malo del año anterior y yo no me voy a quedar con esto ni con lo pasado”, subrayó, intentando hacer pie sobre las victorias ante Barracas Central y Gimnasia La Plata y así evitar caer por el pozo de la goleada de Tigre.

Pero Argentinos Juniors lo puso otra vez entre la espada y la pared. Con poco, el Bicho reanimó los miedos que Gallardo quería olvidar. El martes tendrá por delante la evidente obligación de ganarle a un equipo que recién inicia su primer ciclo histórico en la segunda división como lo es Ciudad Bolívar, pero también la responsabilidad mostrar aspectos futbolísticos que convenzan a esos hinchas que ya empiezan a jugar con nombres posibles de reemplazante si el ciclo del Muñeco sigue desarrollándose torcido. Están los que fantasean con que Pablo Aimar deje su rol de mano derecha de Lionel Scaloni y se anime a jugar una carta al futuro tomando el cargo tras el Mundial. También se asoman los más pragmáticos que piensan en voz alta en otros viejos conocidos como Santiago el Indiecito Solari, Hernán Crespo o Eduardo el Chacho Coudet. Otros futboleros analizan si Ariel Holan podría imponer su filosofía de juego en Núñez como la implantó en Avellaneda y en Rosario Central.

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