La pasión de Ricardo Darín por el tenis: de Gastón Gaudio y Gaby Sabatini a Roger Federer y la deuda pendiente con Guillermo Vilas

Entre recuerdos personales, historias compartidas y mirada crítica, el actor abre la intimidad de su relación con el deporte que lo acompaña desde hace décadas

Ricardo Darín es sinónimo de cine argentino, de personajes memorables y de una trayectoria que atravesó generaciones, pero lejos de los sets y los aplausos también cultiva una pasión que lo acompaña desde hace años: el tenis. Entre rodajes, estrenos y entrevistas, el actor encuentra en la raqueta una vía de escape, un espacio de disfrute personal y, muchas veces, un punto de encuentro con amigos, colegas y referentes del deporte, al que sigue con atención.

Su relación con el tenis, sin embargo, no se agota en la cancha. A lo largo de los años construyó lazos estrechos con figuras emblemáticas del deporte argentino. “Mi relación más cercana de toda la vida fue con Gastón Gaudio y con Gaby Sabatini. Con Gaby jugábamos mucho al pádel, porque a ella le encantaba, en Mar del Plata en los veranos. Y al ‘Gato’ Gaudio lo conozco desde que él tenía 13 años. Íbamos al Club Vilas. Yo llegaba los días de semana a las dos o tres de la tarde, él estaba solo tirado con un bolsito y me decía ‘¿te juego, te juego?’”, recordó, con tono nostálgico.

Esa cercanía con Gaudio tuvo uno de sus momentos más intensos en una de las finales más recordadas del tenis argentino. “La película más dramática dentro de la cancha fue la final de 2004 en Roland Garros entre el ‘Gato’ y Guillermo Coria. Lo respeté mucho a Coria, me encantó como jugador. Lo que hacía dentro de la cancha era algo anormal, fue un crack total. Pero en ese partido obviamente mi corazón estaba con Gaudio porque lo conocía de chiquito. Mi mujer y yo éramos muy amigos. Terminamos los dos arrodillados frente al televisor viendo la final. Llorábamos, nos abrazábamos”, relató.

*Darín: “La final entre Coria y Gaudio fue la película más dramática”.

El actor también guarda anécdotas inolvidables con otras leyendas del deporte nacional, como Juan Martín Del Potro. Acostumbrado a experiencias únicas, rememoró una situación que todavía lo sorprende: “Juan Martín me había invitado a ver un entrenamiento y demás. Y de golpe, esas cosas que hacen normalmente ustedes los jugadores, de ser amables y decir ‘bueno, que entre este gil a pelotear un poco’. Entré, jugamos un par de pelotas y en un momento le dije ‘Juan, ¿te puedo pedir un favor? Me podés sacar como vos sacás, quiero ver qué se siente del otro lado’. La pelota la ves cuando la tenés en la boca”.

Como hincha, Darín no oculta su compromiso emocional con los partidos, incluso cuando las diferencias horarias conspiran contra el descanso. “No solo madrugo, me quedo hasta la hora que sea. Es una locura. El partido de Francisco (Cerúndolo) lo viví hasta último momento sabiendo que no veníamos bien. No podía abandonar obviamente”, confesó, al referirse a la caída del hermano mayor de los Cerúndolo frente al alemán Alexander Zverev en los octavos de final del Australian Open.

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