Pancho Dotto presenta el lujoso auto que es atracción en Punta del Este: “Todos quieren sacarse fotos con él”
El empresario se mostró con su imponente Rolls Royce en el cumpleaños de un íntimo amigo y en charla con Teleshow reveló todos los detalles
En 2017, tras años de una búsqueda incansable, Pancho Dotto halló en Miami una pieza que se transformaría en parte de su identidad y en una atracción inesperada del verano uruguayo: un Rolls-Royce Corniche II convertible de 1989. No fue una compra impulsiva ni casual, sino el resultado de un anhelo largamente acariciado. El vehículo, con sus líneas clásicas y su historia, llegó a sus manos para instalarse en su vida y en las calles de Punta del Este.
Pero al margen de los abrazos y las anécdotas, el Rolls-Royce volvió a ser centro de atención. “Cuando salí, las señoras que ahí trabajan, que son las que manejan el valet parking, con unos hombres, me dijeron graciosamente que querían poner un cartelito porque todo el mundo se saca fotos con mi auto”, narró. No es para menos: la presencia de ese convertible, el único de su clase en la zona, genera una mezcla de asombro y admiración. “Había mucha gente que me pedía fotos, se sacaban fotos con el auto, gente que estuvo en el cumpleaños de Fede y gente que caminaba por ahí, que salía de La Huella”.
La historia no se agota en el auto ni en la noche de celebración. Pancho abrió el telón de su vida y deja ver el otro lado del éxito y la ostentación. “Estoy terminando este año acá en Punta del Este, que me encanta. Lo estoy terminando muy bien, a pesar de que fue un año que estuve complicado de salud, con mis pulmones y mis huesos, pero bien, contento y con ganas”. La sinceridad atraviesa sus palabras, y refleja el paso del tiempo y las marcas que deja.
¿Qué espera Dotto para el año que se inicia? La respuesta es tan clara como rotunda: “Básicamente salud. Tener muy buena salud para poder disfrutar. Paz en mi corazón, en mi mente. Mucha paz para mí y para todo el mundo, para todo el planeta (inspira) y muchos momentos de alegría, que eso… esa es la vida, son momentos”.
El empresario no esquiva el paso del tiempo, sino que lo asume con una mezcla de humor y realismo. “A mis setenta años ya estoy en los penales. No sabemos si es el primero, el último o alguno del medio. Así que es lo único que deseo. Salud. Básicamente, salud. Paz para poder estar con mis seres queridos. Salud para mis seres queridos también y para todo el mundo. Y que todos tengamos momentos de alegría, pese a las dificultades cotidianas que todos tenemos. Nadie se salva de las dificultades o los problemas que tenemos que resolver cotidianamente”.
En cada reflexión, Dotto deja una enseñanza forjada en la experiencia: la importancia de vivir el presente. “En lo cotidiano está la verdad y cada vez vivo más el presente, cosa que antes, por el ritmo de trabajo que yo tenía, siempre estaba apagando incendios. El famoso bombero loco apagando incendios de otro y no ocupándome de mí. Así que ahora me quiero ocupar de mí, me ocupo de mí ciento por ciento y trato de ser lo más feliz que puedo”. Y, como una consigna simple pero poderosa, resume: “Para ser feliz se necesita mala memoria y muy buena salud”.

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