Dormir más para vivir más: el descanso nocturno se consolida como el factor clave de la longevidad
Un estudio basado en datos de millones de personas en Estados Unidos reveló que dormir menos de siete horas por noche se asocia con una reducción de la esperanza de vida mayor que la provocada por una mala alimentación o la falta de ejercicio
Dormir bien nunca fue un objetivo sencillo en la vida moderna, pero en los últimos años se convirtió en un desafío cotidiano para millones de personas. Jornadas laborales extensas, pantallas encendidas hasta altas horas de la noche, estrés constante y hábitos desordenados empujaron al sueño a un segundo plano.
La conclusión fue clara: dormir poco se asocia con una vida más corta, incluso más que otros factores ampliamente reconocidos como determinantes de la mortalidad.
El análisis tomó como referencia un umbral preciso. Dormir menos de siete horas por noche se consideró sueño insuficiente. A partir de ese criterio, los investigadores compararon la duración del descanso nocturno autoinformado con estimaciones de esperanza de vida a nivel de condado. El resultado mostró una correlación negativa consistente en la mayoría de los estados: a menor cantidad de sueño, menor expectativa de vida.
Lo novedoso del hallazgo no radica solo en confirmar que dormir mal resulta perjudicial, algo que ya figuraba en la literatura científica, sino en la magnitud de esa asociación. Incluso al controlar variables como la inactividad física, la situación laboral, el nivel educativo y la dieta, la falta de sueño mantuvo una relación más fuerte con la esperanza de vida que casi todos esos factores. Solo el tabaquismo mostró un impacto superior.
La sorpresa también alcanzó a los propios investigadores. “No esperaba que la falta de sueño estuviera tan fuertemente correlacionada con la esperanza de vida”, expresó Andrew McHill, fisiólogo del sueño de la Universidad de Oregón y uno de los autores del estudio.
La frase sintetiza un cambio de paradigma que gana terreno: el descanso nocturno no solo mejora cómo se vive, también influye de manera directa en cuánto se vive.

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