Dos argentinos hacen historia en los Grammy: un homenaje a Piazzolla nominado en una categoría donde nunca hubo latinos

Andrés Mayo y Martín Muscatello compiten en la categoría Álbum Inmersivo. El logro sitúa al tango y al audio latinoamericano en la vanguardia global

Por primera vez desde la creación de la categoría en 2005, un latino se convierte en nominado al Grammy estadounidense en Best Immersive Album. Ese logro lleva el sello de dos argentinos: Andrés Mayo y Martín Muscatello, quienes desde su estudio y con el corazón puesto en la obra de Astor Piazzolla, lograron lo que parecía inalcanzable para la música de la región. El álbum, An Immersive Tribute to Astor Piazzolla, no solo homenajea al gran renovador del tango, sino que también rompe una barrera hasta hoy infranqueable en la premiación más importante de la industria musical.

La historia de la nominación tiene todos los ingredientes de una pequeña epifanía compartida. “Las nominaciones de los Grammy se anuncian en un evento, pero las técnicas las comunican después por boletín oficial. Estábamos con la computadora en refresh constante, hasta que apareció. Mariela Aquino, mi asistente, y yo en el estudio nos miramos y bajé corriendo a tocarle la puerta a Andrés. No le dije nada, solo le mostré el celular y después fue todo abrazos y brindis. Todo lo que puedas imaginar en ese aspecto,” rememoró Martín Muscatello. Ese instante se convirtió en historia: un argentino, un latino, en la terna más innovadora del Grammy.

¿Qué implica, a nivel personal y profesional, ese reconocimiento? Para Andrés, la magnitud creció con el paso de los días. Las invitaciones para dar charlas y master classes llovieron de universidades de Moscú, China, Australia, y diferentes estados de Estados Unidos. “Eso habla de la importancia del premio en el mundo, y de repente competir a la par de proyectos australianos, noruegos, canadienses, te hace sentir ciudadano global. Aunque, internamente y para nuestra comunidad, sabemos que abre una puerta, que un Grammy internacional escuche a Piazzolla es muchísimo”.

La selección de las piezas fue un proceso tanto artístico como emocional. “Decidir qué obra de Piazzolla es mejor sería insostenible, son todas geniales,” reconoce Muscatello. El criterio fue internacional: piezas que lograron trascendencia mundial, pero también arreglos que ofrecieran el mejor potencial inmersivo. “En una master class en Rusia preguntamos si conocían a Piazzolla y todas las manos se levantaron. Luego, escuchamos conciertos, analizamos arreglos, evaluamos dónde podía ubicarse cada instrumento y qué dinámica generaba más impacto, siempre en función del oyente sumergido en la esfera 360°,” detalla. La tecnología de audio inmersivo guiaba cada decisión, pero la emocionalidad definía la selección final.

Andrés Mayo subraya: “No nos guiamos solo por la perfección técnica, sino por lo que más nos conmovía. Libertango, por ejemplo, nació al final de un concierto, en una jam session donde músicos que nunca habían tocado juntos improvisaron en el escenario. Fue algo absolutamente memorable. Cada uno tomó el micrófono que había y tocó; la perfección era imposible, la emoción, total.”

La recepción de Piazzolla fuera de Argentina constituye otro capítulo en esta historia. Adentro, la eterna rivalidad con Gardel divide al público. Afuera, Piazzolla se levanta como un genio universal, admirado sin grietas ni comparaciones. “En Asia, Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá: lo aman. Nadie lo pone en competencia con otro artista argentino,” enfatiza Mayo.

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