El llanto inolvidable de Guillermo Francella en la noche mágica de Racing: “Ganarles así es maravilloso”

El actor fue captado visiblemente emocionado tras el espectacular 3-2 ante River por los octavos de final del Torneo Clausura. La foto eufórica con Joaquín Furriel

El Cilindro de Avellaneda vibró como pocas veces en la noche de los octavos de final del Torneo Clausura 2025. El pitazo final dejó escrito en la historia una página imposible de imaginar minutos antes: Racing derrotó a River por 3 a 2 en un partido infartante, con un gol agónico que desató lágrimas en la tribuna —y no solo entre los hinchas anónimos, sino en el célebre Guillermo Francella.

Pero si hubo una reacción que se adueñó de la noche y de las redes sociales, no fue la de los jugadores en la cancha, sino la de ese hombre sentado en el palco. Francella, atrapado por la cámara en el momento exacto, levantó las manos a la cara y se largó a llorar, visiblemente conmovido por la victoria. Las imágenes de televisión no dejaron lugar a dudas: no era actuación, sino la desnudez pura de un hincha ante el milagro.

Antes del desenlace, Francella y Furriel compartían palabras, gestos, la espera tensa. Pero la postal inolvidable llegó después: el rostro cubierto, los hombros sacudidos por el llanto, la fiesta desatada en la platea. El actor, símbolo de la pasión racinguista, se convirtió esa noche en la imagen del hincha genuino. Y la selfie final, en la que junto a un grupo embanderado de celeste y blanco, en el que también se distingue a Ricardo, el hermano de Guillermo, dan rienda suelta a su locademia.

El eco del gol de Gastón Martirena todavía retumbaba en las tribunas cuando las luces del Estadio Presidente Perón se comenzaban a apagar, pero para Francella la jornada apenas comenzaba. Afuera, el gentío lo envolvía. Los micrófonos de los periodistas pugnaban por captar las primeras palabras del hombre que, minutos antes, había llorado desconsoladamente.

Todavía conmovido, Francella habló para Cadena 3. Su voz no se templaba, encontraba apenas un hilo de calma entre la fiebre. “Maravilla”, acertó a decir primero. Alguien quiso más: “Guille, contame el tercer gol”. Y allí salió todo, de un tirón, expuesto y sincero, como los mejores monólogos: “Es una felicidad extraordinaria, extraordinaria. Perder dos a uno, llegaron dos veces al arco estos y ganarles así como tantas veces nos han ganado a nosotros, es maravilloso”. Las palabras temblaban entre la incredulidad y la revancha largamente esperada.

El periodista insistió: “¿Algún recuerdo de un partido como este?”. La respuesta no dejó dudas de la dimensión de lo vivido. “Muchos, muchos, pero este lo estoy disfrutando mucho”, reconoció sin contener la sonrisa.

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