A 45 años de los míticos cuatro goles de Maradona a Gatti: la leyenda del “Gordito” y la frase que se convirtió en combustible
Argentinos derrotó 5-3 a Boca con una actuación memorable de Pelusa, que pasaba uno de sus mejores momentos. Y, aún siendo rival, inició el romance eterno con el Xeneize
“Tener a Maradona en el equipo es algo así como jugar al chinchón todas las manos con el comodín”. El vestuario de Argentinos Juniors ardía de gente. Allegados, curiosos e hinchas pugnaban por tener un lugar allí, para saludar al ídolo. En medio de esa locura, en las entrañas del estadio José Amalfitani, el preparador físico del equipo, Carlos Kenny, soltó esa frase, como pintura exacta de lo que pasaba con los Bichitos en ese 9 de noviembre de 1980. Unos minutos antes, habían vencido a Boca por 5-3, con una actuación formidable de Diego, autor de cuatro goles, que se convirtieron en históricos.
-Gatti: Antes había jugadores que te ofrecían la posibilidad de aprender. Con Carrizo a atajar, con Ermindo Onega a jugar, con Sanfilippo y Artime a definir. Ahora el único es Maradona, pero no sale nada nuevo.
-Bergesio: ¿Maradona es un auténtico crack?
-Gatti: Es un muy buen jugador, a quien se está inflando de una manera increíble. Me preocupa su físico. Tengo la sensación de que en pocos años más no va a lograr vencer su tendencia a ser un gordito.
Eran otros tiempos. Ese reportaje, publicado en los medios de la provincia de Santa Fe, no tuvo la amplificación que viviría en la actualidad. Sin embargo, ese extracto apareció en La Razón, en las épocas en las que los vespertinos tenían un enorme caudal de lectores, con sus ediciones 5° y 6°, que estaban en los quioscos en horas de la tarde.
En su libro de memorias “Yo soy el Diego de la gente”, Maradona recordó paso a paso cómo se enteró de la noticia: “Ese diálogo se publicó justo el sábado, la noche anterior al partido que teníamos que jugar con Boca. Yo estaba que me salía de la vaina, porque quería jugar de una vez por todas esa definición para la fase final del Nacional y justo éste me venía a decir eso. Nosotros habíamos jugado el miércoles contra Unión en Santa Fe, al día siguiente, ¡al día siguiente!, tuvimos un amistoso en San Justo, una localidad cercana y ahora estaba la posibilidad de clasificarnos para las finales del Nacional, si le ganábamos a Boca. Al Loco le contesté con todo: dije que más que un problema de locura, era un problema de celos, que para mí había sido un gran arquero, pero que ahora no era nadie, que le metían goles estúpidos. Que se metía conmigo por envidia. ¿La verdad? Me había sorprendido, porque con él teníamos onda”.

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