06:46El acto en el Frontón Buenos Aires: una multitudinaria concentración contra el gobierno de Juárez Celman y una grave crisis económica
Fue el prolegómeno de lo que pasó a la historia como la Revolución del Parque. La mayor manifestación popular realizada hasta entonces hizo tambalear al gobierno y a replantearse el rumbo de la gestión. Tres meses después el presidente renunciaría luego de dos días de intensos combates en las calles porteñas
Ya era una suerte de deporte nacional criticarlo al presidente Miguel Juárez Celman, artífice de un descomunal descalabro económico, en una mezcolanza de inflación, especulación sin fin en la bolsa, con bancos que habían restringido el crédito, y con artículos básicos de consumo que se habían ido a las nubes. Todos se acordaban de la peor manera del presidente, al que responsabilizaban de una mishiadura general que no hacía más que tensar al máximo la cuerda de la paciencia.
La mecha la encendió el entrerriano Francisco Barroetaveña, un abogado de 33 años, cuando el 20 de agosto de 1889 publicó una columna en el diario de su amigo Bartolomé Mitre, en el que llamaba a la juventud a rebelarse a los abusos y a la corrupción del gobierno.
Recogido el guante, el 1 de septiembre de ese año hubo un multitudinario acto en el Jardín Florida, un predio ubicado en Florida y Paraguay inaugurado en 1879 y donde se podía ir a escuchar conciertos, tomar el té o dar un paseo. Como estaba en un terreno de unos ochenta metros de frente por treinta de fondo, era apto para actos multitudinarios. Allí quedó formalizada la Unión Cívica de la Juventud, que aglutinó a todo el arco opositor al oficialismo gobernante. Entre sus miembros honorarios se contaban a Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle, Bartolomé Mitre, Bernardo de Irigoyen, Pedro Goyena y Vicente Fidel López, entre otros.
La repercusión fue muy grande y, aunque el oficialismo se burló de los que habían adherido, había acusado el golpe, al punto que siete cadetes del Colegio Militar que habían participado fueron expulsados. Entonces la oposición organizó una colecta popular para costearle a esos jovenes una carrera universitaria.
Rapidamente, la Unión Cívica se largó a la organización de lo que entonces se llamaban clubes cívicos para dejar de ser una agrupación juvenil y convertirse en un partido político. Ahí empezaron las diferencias. Mientras hombres como Barroetaveña proponían que la juventud fuera acompañada por los políticos reconocidos, Bartolomé Mitre era de la idea de que la juventud debía abrirse paso sola, y Leandro Alem quedó en el medio, tratando de acercar a las partes.
Lo que Alem apuraba era la conformación de esa agrupación opositora, al punto que debió dejar su característica intransigencia de lado: se puso a trabajar junto a Mitre, con el que siempre se había enfrentado; hizo lo propio con los militantes católicos José Manuel Estrada y Pedro Goyena, con los que lo separaba su anticlericalismo y su pertenencia masónica. En un primer momento, Alem fue escéptico y no creía que pudieran trabajar juntos.

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