06:03“¡Aquí Flan Bon!“: la historia del payaso inglés que cambió el circo, repartió chocolates e hizo reír a generaciones de porteños
Su nombre era Frank Brown, pero los chicos lo pronunciaban Flan Bon y lo reconocían por su ceja levantada. Radicado en la Argentina, creó un circo que se volvió antológico por la calidad de sus puestas, en las que combinaba espectacularidad, peligro, destreza y arrojo. Fue el deleite de los porteños y hasta sufrió ataques por permitir la entrada gratuita a niños humildes. La historia de un payaso que hacía mucho más que reír.
El anciano payaso inglés vivía de sus recuerdos en una sencilla casa de Enrique Martínez al 800, en el barrio de Colegiales. Compartía su retiro con su esposa Rosita y con Jim, un perro de raza aerdale, “mi mejor amigo”, afirmaba. Le brotaban las lágrimas cuando recordaba la alegría de los niños en sus espectáculos de circo, en tanto contemplaba ese museo casero de recuerdos que había armado en un pequeño cuarto de la casa, en el que cada objeto atesoraba una pequeña historia de su vida dedicada a la alegría y al espectáculo.
Junto con la compañía de Gaetano Ciniselli ya había hecho una gira por Europa, Estados Unidos y Centroamérica. En 1879 llegó a Buenos Aires con el circo de los hermanos Carlo. Creyó que sería un puerto más, sin embargo, terminaría quedándose toda la vida.
Fue innovador y sorprendía con sus números. Hacía el salto sobre 30 soldados con bayoneta calada, distribuidos en 12 metros de largo. En el medio de la prueba, los soldados disparaban sus fusiles. Luego de culminarla con éxito, irónicamente admitió que ese acto nunca lo había ensayado porque si salía mal se hubiese perdido la función. También hacía el doble salto mortal sobre una docena de caballos y una pirámide humana de cinco hombres. “Tenía la sensación de que volaba”, describió.
En 1888 creó su propia compañía y sumó a los populares hermanos Podestá, quienes lo acompañaron durante un par de años. Actuó en el San Martín, su teatro preferido, ubicado en la calle Esmeralda. También trabajó en el Politeama Argentino.
Un periodista de la revista Caras y Caretas, que asistió a una función en 1899, escribió: “Imagínese el limbo hecho manicomio y tendrá una idea aproximada de aquella algazara, de aquel estrépito, de aquella gritería y de aquel manoteo general en seguimiento de los confites, en el aire cazados apenas salidos de las manos de Frank Brown. ¡Flan Bon! ¡Flan Bon!” Así lo llamaban los chicos, adoptando como nombre la fonética de su pronunciación británica.
Lucía un atuendo de raso blanco, colmado de lentejuelas y otras veces salía a la pista vestido a la usanza de los bufones que William Shakespeare describe en sus obras.

Los comentarios están cerrados.