12:18“Yo tenía una relación abierta, solo que mi mujer no lo sabía”
Durante varios años crucé casi todos los semáforos rojos emocionales con los que me topé. Me acosté con mujeres que no me gustaban, que no me interesaban, con las que ni siquiera conectaba. A veces, simplemente me excitaba mi propia degradación, ver qué límites podía transgredir
—Yo tenía una relación abierta, solo que mi mujer no lo sabía —me dijo un amigo.
El mundo sentimental no era una excepción a mi regla, y el sexual menos aún. Pocas parejas, todas de varios años, siempre fiel. Algunas veces estando en una de esas relaciones, aparecieron mujeres que me movieron el piso y entré en pánico. Me inundaba el terror a no poder manejar mis emociones. Temía que todo se fuese a la mierda por más voluntad que le pusiera a resistirme.
No miraba a los ojos a ninguna mujer por temor a enamorarme: cuarenta años escapando del contacto emocional profundo para evitar sus consecuencias potencialmente catastróficas. Esa vulnerabilidad me llevó a poner todas mis fuerzas en negar y reprimir las emociones que me desestabilizaban e intentar dominarlas.
Varias veces había estado a punto de derrapar y por distintas razones había zafado. Estoy convencido de que hubieran sido meros encuentros sexuales, incluso banales, pero yo era de los que decían que cuando se ama, no hay lugar para la infidelidad. Qué soberbia, qué poco sabía de la vida. ¿De dónde salía semejante omnipotencia?
Viví así hasta que tuve una sobredosis de realidad cuando mi esposa me confesó que estaba enamorada de otro hombre.
Sentí que me moría.

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