La historia de la nueva estrella argentina de la UFC, hija de un ex futbolista y que trabajó como maestra: “Pararte frente a un aula te da herramientas”

Sofía Montenegro se ganó el contrato en la máxima empresa de MMA tras una pelea brutal y ahora tendrá su esperado debut ante Ernesta Kareckaite: “Me encantaría ser recordada como una mujer argentina que llegó y destacó”

A los 26 años, Sofía La Bruja Montenegro está a punto de vivir el momento más importante de su carrera. El próximo 28 de febrero debutará oficialmente en la UFC, la compañía más importante de artes marciales mixtas del mundo, cuando enfrente a la lituana Ernesta Kareckaite en la división peso mosca femenina, en la Arena Ciudad de México, dentro de la cartelera de UFC México.

“Empecé primero con kickboxing a los 15, 16 años, en el centro vecinal de mi barrio. Tenía sobrepeso, entonces estaba buscando algún deporte para hacer. Había intentado con varios”, recuerda en diálogo con Infobae. En su casa, el deporte era casi una herencia genética, aunque con una forma muy clara: fútbol. “En mi familia son todos futbolistas. Mi papá jugó al fútbol, mis hermanos juegan al fútbol, siempre en primera. O sea, vengo de una familia realmente de deportistas destacados”.

Su padre, Ricardo Montenegro, fue futbolista profesional, con un paso destacado por Talleres de Córdoba y trayectoria en Atlético de Rafaela, San Juan y otros clubes del país. Sus hermanos también siguieron ese camino. Ella, en cambio, parecía ir por otro lado. “A mí siempre me iba bien en el colegio, entonces como que pensé que el deporte no era para mí primero. Y por el medio de querer bajar de peso terminé encontrando realmente lo que quería”.

Durante un tiempo incluso pensó en probar suerte con el fútbol. “Quise intentar jugar, me surgió la idea en su momento, y mi mamá me dijo que no. Que en mi casa todo el tiempo se habla de fútbol, que no podía ser que todos hiciéramos lo mismo”, cuenta entre risas. “Por consejo de mi mamá no lo probé. Se podría estar perdiendo a la siguiente Messi”, bromea hoy.

El kickboxing fue primero una excusa, después un refugio y finalmente una vocación. El cambio físico vino acompañado de uno emocional. “Cuando empecé a entrenar me veía bastante motivada y empecé mucho a bajar de peso. Eso también me hacía sentir bien. Empecé a andar mejor en mi vida en general, a mejorar mi estado de ánimo”, explica. “Porque por el hecho de tener sobrepeso, a esa edad, en plena adolescencia, siempre uno está a la vista de que lo señalen, de sentirse mal”.

Su familia acompañó ese proceso casi de manera natural. “Yo creo que por un lado mi familia nunca se hubiera imaginado la magnitud de donde llegué. Pero me veían motivada, entonces me apoyaron para que yo compitiera”, dice. Para su madre, el deporte fue clave en otro aspecto aún más profundo. “Ella siempre dice que está agradecida con el deporte porque fue lo que hizo que ninguno de nosotros tuviera el afán de salir tanto, de andar en la calle”, relata Sofía. “Vengo de un barrio que es un poco problemático, una zona roja, entonces para ella el deporte fue lo que nos sacó de la calle”.

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