Milei arranca la campaña permanente con el holgado triunfo del Presupuesto como punto de apoyo
Al Gobierno le sobraron los votos y abrió grietas al interior de todos los bloques. Los números que consiguió lo dejan al borde de los dos tercios. Cómo se prepara para un enero caliente en materia económica por los pagos de deuda. Para el Presidente se viene un año intenso focalizado en la reelección.; Karina se mete en la Justicia y cierra el año empoderada. El rearmado del poder de los gobernadores y el candidato spoiler del 27
Las puertas del despacho de Patricia Bullrich se abrían y cerraban. Fue la base de operaciones. Se instalaron de manera permanente Diego Santilli, ministro de Interior, y Carlos Guberman, secretario de Haciendo. La política y la billetera. Salían y entraban los negociadores: Lule y Martín Menem. A ellos dos se pegó Ignacio Nacho Devitt, mano derecha de Manuel Adorni, que debutó en la negociación parlamentaria. La anfitriona iba y venía del recinto a su oficina. Bullrich fue la clásica caminadora de toda sesión, que llegaba con los pedidos de los senadores a la mesa de definiciones. Ella se autopercibió como Frank Underwood. Subió a sus redes un video musicalizado con la cortina de House of Cards.
Esa primera votación, de hecho, para determinar cómo se votaba (si por capítulo o por artículo) fue un poco más ajustada. Fue la herramienta de negociación que implementaron algunos mandatorios para destrabar fondos. Salió 39 a 33, una diferencia importante frente a los 46 a 25 con que terminó aprobado el Presupuesto en general. En ese primer debate radicaba uno de los ejes de presión para la Casa Rosada, bajo amenaza de que podrían hacer caer el capítulo II, que contenía en su artículo 30 un fuerte recorte en educación y ciencia. Los dos senadores por Santa Cruz, José María Carambia y Natalia Gadano, votaron para que se abriera la discusión. Pero a la hora de la definición, aportaron números para el Gobierno.
El goteo de recursos también se hizo más intenso en los últimos días, sobre todo en las cuentas de los gobernadores peronistas, los nuevos mimados de la Casa Rosada, a quienes consideran más fieles que algunos propios. Se trata del bloque del Norte, que no se formalizó en los papeles pero que empezó a actuar como un espacio clave para la conquista parlamentaria de los libertarios. Ahí confluyen Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Gustavo Sáenz (Salta) y Hugo Passalaqua (Misiones).
Los 46 votos con los que se aprobó el Presupuesto salieron repartidos de todos los bloques. Le sobraron voluntades a Patricia Bullrich, que se llevó su primer triunfo político en su rol de jefa de los libertarios después de tener que postergar el tratamiento de la reforma laboral para febrero por falta de apoyo. El Gobierno se dio cuenta, tras el traspiés de la semana pasada, que era mejor llevarse un triunfo que varias derrotas. ¿Al final es un Presupuesto con déficit, como dijeron en la Casa Rosada con la caída del capítulo XI? Habrá que hacer los números.
El bloque peronista se dividió, como suele hacer cuando no gobierna. A la cabeza estuvo la jujeña Carolina Moisés, a quien la Casa Rosada destaca como la armadora de ese espacio de gobernadores en el Congreso. A ella se sumaron el catamarqueño Guillermo Andrada y la tucumana Sandra Mendoza. Los 3 votos que sumó el peronismo en la votación en particular del capítulo de la discordia no fueron de ellos. Los aportó el radicalismo, otro de los bloques que se dividió con Maximiliano Abad (Buenos Aires), Flavio Fama (Catamarca) y Daniel Kroneberger (La Pampa), todos sin gobernadores como terminales políticas. Son dos pero las fisuras también se vieron en Provincias Unidas: Alejandra Vigo (Córdoba) se abstuvo y Carlos “Camau” Espínola (Corrientes) votó a favor. Aunque no integra el bloque, la senadora por Chubut, Edith Terenzi, también le aportó número al oficialismo.
Arriesgado, el Gobierno ya había pagado por adelantado a los mandatarios del “peronismo blue” con la silla en la Auditoría General de la Nación (AGN) para Pamela Calletti, de Salta. Ese acuerdo de madrugada entre los libertarios y kirchneristas le valió al Gobierno la tensión con el PRO. A propósito, el PRO, que prometía resistir cada votación de ahora en más por el supuesto enojo de Cristian Ritondo con Martín Menem, en el Senado se pintó de violeta. Ni una sola resistencia.

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