Le encrucijada del Presidente: entre las urnas y Trump
Mientras el presidente de Estados Unidos ató la ayuda económica a Argentina a los resultados de las próximas elecciones, Javier Milei sigue priorizando el “sálvese quien pueda” a la búsqueda de acuerdos y consensos
Podríamos afirmar que el problema argentino no está en la intromisión política del presidente Donald Trump, sino en el porqué de la misma (si se abre la tranquera, todo puede pasar, incluso que el rodeo atropelle a quien intente pararse adelante).
El desafío para la política a partir de allí fue, a grandes rasgos, para unos, garantizarle a la sociedad valores de equidad y/o justicia social con crecimiento y economía estable; para otros, volver a instaurar las diferencias insalvables.
Aunque parezca lo contrario, a este nudo gordiano no lo desatarán los economistas, pero sí los dirigentes políticos. El tema a resolver es que no sean las familias las condenadas al déficit para lograr el equilibrio fiscal, sacrificio que las aleja de la igualdad de oportunidades. Hoy, el padecimiento al que el gobierno del presidente Milei somete especialmente a los sectores más vulnerables, es inconducente con la aspiración genuina de vivir mejor de cualquier argentino.
Argentina no debe tener nunca más patrones, sino empresarios. Dicho de otra forma: Argentina debiera alcanzar, a través del Gobierno, crecimiento con desarrollo. Hoy las fábricas están al 50% de su capacidad ociosa. Por eso, Trump se convirtió en un protagonista inevitable para el presidente Milei y su gobierno.
¿Cómo se logra crecimiento con desarrollo? La macro y la microeconomía, inescindibles para tal propósito, deben poner en funcionamiento las potencialidades productivas de una Argentina que tiene con qué arrancar: materias primas y valor agregado sobre ellas, minería, agroindustria, Vaca Muerta, una Patagonia esperando ser desarrollada, capacidad científica y tecnológica, unicornios digitales.
Argentina viene en este siglo bandeándose, recostándose políticamente en sus extremos. O todo recae en el Estado, o todo debe resolverse sin él. No da resultado. Los países vecinos han resuelto sus problemas inflacionarios y logrado el equilibrio fiscal. Algunos, maliciosamente, sostienen que es porque no tuvieron peronismo. Esta cronista se inclina por pensar que en realidad es porque tuvieron gobiernos con presidentes políticos que sintonizaron con ministros de Economía que también entendían de política. En ese siglo, Argentina dispuso de ese tipo de duplas: primero, Eduardo Duhalde-Jorge Remes Lenicov; posteriormente, Néstor Kirchner-Roberto Lavagna.

Los comentarios están cerrados.