40 años de Locura: una grabación hecha a las apuradas, el gran hit que apareció a último momento y el álbum que catapultó a Virus hacia la masividad

“Más que plasmar un concepto, creo que en este álbum Virus consiguió su estilo definitivo. Si bien desde el principio siempre fuimos cambiando de disco a disco y pasando por distintos procesos, creo que a partir de Relax encontramos un rumbo que se consolidó del todo con la salida de Locura”. Así es como Marcelo Moura describe las características que rodearon a la gestación del quinto álbum de estudio con el que Virus conquistó definitivamente al público local e inscribió de una vez y para siempre su nombre en la historia grande del rock argentino.

Si bien Agujero interior (1983) y en particular Relax (1984) convirtieron a Virus en una banda cada vez más popular, en realidad fue Locura el vehículo que le permitió acceder a la masividad total tanto a nivel nacional como internacional, producto de sus primeras incursiones por diversos territorios latinoamericanos. El nombre escogido para el disco reflejó a la perfección lo que la agrupación platense desató en un público cada vez más ávido de su música y por concurrir a sus conciertos en vivo.

Federico Moura, retratado por José Luis PerottaJosé Luis Perotta – Gentileza Roque Di Pietro

Grabado en los estudios SIC Americana de Buenos Aires y Sound Ideas de Nueva York bajo la producción artística del propio grupo junto a Oscar López, dicho trabajo discográfico estuvo compuesto por ocho temas que muy pronto alcanzarían una repercusión inusitada.

“La grabación de Locura tuvo la particularidad de haber sido bastante a las apuradas como consecuencia de una popularidad cada vez más grande que nos obligaba a extender las giras y a no contar con el espacio suficiente para la composición. Eso hizo que llegáramos con muy poco tiempo para registrarlo. De todos modos, ya nos habíamos volcado definitivamente mucho más a los teclados. De hecho, a partir de allí pasamos a tener sólo un guitarrista y dos tecladistas. Creo que esa fue la idea central con la que entramos a grabar”, recuerda Marcelo Moura, para luego hacer mención a una particular anécdota: “ Debido al poco tiempo que tuvimos para componer, llegamos al estudio con una escasa cantidad de material y el productor nos dijo entonces que necesitábamos una canción más. Por eso, antes de partir hacia Nueva York para la mezcla del disco, grabamos aquí, en Buenos Aires, una base un poco a las corridas y con ese boceto nos fuimos a Estados Unidos. Allí terminamos de completarla, le agregamos la letra y le sumamos los arreglos. Esa canción fue ni más ni menos que ‘Una luna de miel en la mano’. Sin dudas, el tema más escuchado de Virus”.

Entre otras particularidades, Locura contó también con la participación de un invitado muy especial: el bajista y productor Cachorro López, quien poco tiempo después abandonaría a Los Abuelos de la Nada para sumarse a las filas de Miguel Mateos/ZAS y grabar el álbum Solos en América. Y al respecto, el actual vocalista de Virus señala: “ Cachorro cumplió una función muy importante en el disco, grabando en varias canciones y dándole una impronta y una fuerza muy especial a las bases. Se trata de un músico excepcional que aportó toda su experiencia al sonido de un álbum con muchos hits y en donde el bajo fue un instrumento clave para llegar a ese objetivo”.

Fino, elegante, delicado y también romántico, a pesar de las urgencias, en Locura todo fue cuidado en extremo y al detalle: desde el sugestivo arte de portada realizado por Daniel Melgarejo y Peter Topp hasta el más pequeño arreglo. Al margen de los adictivos hits “Una luna de miel en la mano”, “Pronta entrega” y “Sin disfraz”, el pulso bailable y característico de Virus aminoró su marcha, los colchones de teclados y sintetizadores (aquí no tan maquinales como en Relax) compartieron el espacio con tenues estocadas de guitarras y la performance vocal de Federico Moura resultó sublime.

En tanto, el carácter enigmático, sensual, ambiguo y con finales abiertos de varias de sus letras conformaron un combo pleno de encanto y sofisticación, tal como queda demostrado en “Tomo lo que encuentro”, “Pecados para dos”, “Destino circular”, “Dicha feliz” y “Lugares comunes”. “Más que textos son pinceladas”, decía Federico Moura en aquel entonces, intentando explicar la lírica que envolvió a un álbum destinado a dejar huella y a hacer historia.

“Los ocho temas que dan vida a Locura tienen un peso propio y muy singular. Es un disco que uno lo escucha completo, de principio a fin, porque todo va fluyendo y cada canción es diferente. Cada una de ellas tiene un mensaje y una estructura distintas”, detalla Moura para después completar: “De todas formas, a mí no me gusta mucho analizar las canciones porque en definitiva eso no es más que una forma de restringirlas y enmarcarlas. Me parece que lo lindo de ellas es que una vez que pertenecen a la gente toman vida propia y cada uno las vive a su manera”.

La consagración definitiva

Lanzado el 25 de octubre de 1985, en apenas muy pocos meses Locura alcanzó ventas que superaron las 200.000 copias, hecho que le valió la certificación de Triple Platino. Aunque más allá de la inapelable contundencia de los números, lo cierto fue que Virus comenzó a visualizar y a vivir en carne propia todo lo bueno que se venía por delante cuando durante cuatro noches consecutivas de diciembre de ese mismo año colmó el teatro Ópera con motivo de la presentación oficial del álbum.

Hoy, a 40 años de su lanzamiento, Locura continúa vigente en la memoria y en el corazón del público y sigue influyendo además en infinidad de bandas y solistas tanto locales como del resto de Latinoamérica. Esto es así no sólo por la excelencia de su material sino también por haber logrado una sonoridad única y decididamente actual. Tan actual que parece haber sido grabado en la tarde de ayer.

“La vigencia de las canciones de Virus en general está profundamente ligada a un lenguaje atemporal, que hoy resulta muy natural y que no tiene ningún viso de momentos pasados ni nada por el estilo. Y por otro lado, están la música, el sonido y en particular la importante presencia de los teclados. Creo que eso fue una forma de adelantarse a los tiempos que corren hoy, donde los teclados son fundamentales en lo que significa una canción”, concluye Marcelo Moura.


Los comentarios están cerrados.