Quiénes son los irlandeses que acaban de sacar el disco del año
Disco: Dopamine Chamber. Canciones: “Six Shot Moring”, “Marianne”, “Mimesis”, “Happy For You”, “Demolition”, “Tongue”, “One Man”, “Where Is Gone?”, “You Miss Me”, “Japan”, “Intimate”. Nuestra opinión: Muy bueno.
No sería descabellado pronosticar que “Where Is Gone?” podría convertirse en la melodía emblemática de esta época: una deriva colorida y, a la vez, sombría, marcada por el conflicto y los desencuentros. El nuevo disco de Fontaines DC, uno de los más esperados de la industria anglosajona, contiene esa jema en colaboración con la española Rosalía, además de otras diez canciones que poseen la virtud de no caer en la comodidad de su fórmula ruidosa anterior ni en la oscuridad tenebrista y, al mismo tiempo, evitar una euforia artificial desmedida tan exasperante en el pop actual.
La banda irlandesa, liderada por Grian Chatten, de 31 años, no es nueva en términos objetivos, dado que este es su quinto disco de estudio, pero sí en relación a la expectativa que se había creado alrededor de la salida de Dopamine Chamber, que ocurrió el viernes pasado. Inmediatamente, las opiniones empezaron a bajar como una avalancha tanto en los medios especializados, que ya habían anticipado un gran disco, como en las redes sociales. El fenómeno que provocó Dopamine Chamber hacía tiempo que no se veía: comentarios laudatorios, examinaciones exhaustivas de cada compás de las canciones, especulaciones sobre las letras y sorpresa por el tipo de sonido que propone ahora la banda, menos basado en las guitarras y más apoyado en los sintetizadores.
Hay tres denominadores comunes que suelen repetirse en los análisis: el disco tiene ecos de Depeche Mode, Echo & Bunnymen (sobre todo la forma de cantar de Ian McCulloch) y también piscas de The Cure. De todos modos, las influencias, aunque reconocibles, no terminan de empañar el resultado final que detenta la voz propia de Fontaines DC. La curiosidad, en todo caso, sería preguntarse cómo es que la banda más importante del momento, en cuanto a futuro y convocatoria, adoptó esos márgenes sonoros y salió con gloria del atolladero. Y después: ¿qué puntos de contacto hay entre los años ochenta de la guerra fría y los grupos más jóvenes como Fontaines DC?
“Six Shot Morning” que abre el disco convoca desde un clima de ciencia ficción o aislamiento espacial, pero que termina mencionando a Silicon Valley como un lugar aspiracional y a la vez peligroso. “Marianne” el tema que sigue en la lista decididamente es uno de los hits del álbum con una historia triste sobre una amiga a la que, desde la lírica, Grian aconseja y trata de contener. El texto simple y directo, una de las características de la escritura de Chatten, queda abierto a diferentes interpretaciones, no es cerrado en un solo sentido.
“Tongue” y “One Man” integran un grupo de dos canciones donde las melodías dialogan con palabras sobre el conflicto entre el ser y el parecer, el conflicto de identidad en un mundo de malos entendidos digitales, la soledad de “un hombre” y cierta paranoia sobre la mirada de los otros.
Fontaines DC no deja de ser un grupo periférico, aunque Irlanda sea parte del Reino Unido. Y en lugar de intentar solapar ese “complejo” de origen, Fontaines (el DC es por Dublin City) no sólo hace alarde de su acento cerrado, las referencias a poetas como William Yeats y la reivindicación de la Irlanda gregaria, profunda y con una enorme tradición de canción popular. No casualmente Chatten suele salir a escena con una remera del grupo The Pogues, que en los ochentas lograron maridar el punk y el sonido tradicional irlandés. Tan es así que en una entrevista, al ser consultados sobre la elección de Rosalía, como única colaboración en el disco, señalaron que tenía que ver con la admiración que sentían por una artista interesada en combinar el flamenco con el pop comercial. Intersecciones artísticas de un globalismo algo cansado de lo impersonal y sin territorio.
Y ahí está: “Where Is Gone?” Una balada atemporal con reminiscencias de Lee Hazlewood y Nancy Sinatra. Un hallazgo compositivo que va contramano del modernismo impuesto desde producciones ampulosas, remanidas y recargadas de efectos. La voz de Chatten, un tono más abajo, a lo crooner, baila melódicamente con una Rosalía especialmente dotada. El estribillo encierra la épica de las grandes canciones que siempre estuvieron ahí, en el aire, para ser atrapadas. “En este mundo solo vale lo que pagás”, señala con un tono grave Chatten y el texto otra vez sugiere diferentes contextos en la relación de un hombre con una mujer. El tema envuelto en cuerdas simples, no grandilocuentes, solo afirma más una melodía que se imprime automáticamente en la memoria.
Luego vienen canciones como “You Miss Me”, “Japan” e “Intimate” que es mejor descubrirlas por uno mismo, aunque siguen la coherencia de un disco que recurre al pasado para construir un futuro musical real. Donde conviven sensibilidades de ayer y de hoy, voces plurales de un mundo siempre incierto que intenta, más que nunca, ocultarse, anestesiarse y presentarse con máscaras frente al panóptico digital.
Como cierre, cabe señalar que lo peor del disco o el aspecto que parecería más flojo son las líneas de bajo. Por alguna razón no revelada, ese instrumento fundamental para el tipo de propuesta de Fontaines DC no está a la altura de un gran disco. Parece ausente. ¿El peor tema? “Demolition”. Podrían haberlo dejado afuera.

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