Al Di Meola: del infarto que sufrió a la cocina italiana de su madre y las cartas de Astor Piazzolla
El virtuoso guitarrista regresa a Buenos Aires para dos conciertos que ofrecerá en La Trastienda
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Al Di Meola no tuvo tiempo para foguearse y aprender de los errores. Con solo 19 años ya estaba integrando una de las naves insignia del jazz-rock, Return To Forever.
Bill Connors dejó su puesto de guitarrista en 1974 y al jefe de la banda, Chick Corea, se le ocurrió convocar a aquel benjamín de apellido italiano. Desde aquel año hasta el final de aquella formación, Al Di Meola participó en los mejores álbumes y conciertos de Return To Forever. Desde entonces, jamás se quedó quieto. Y fue así que, en su historial, se pueden apreciar desde sus famosos encuentros con John McLaughlin y Paco de Lucía hasta muchos de sus álbumes en solitario (son más de dos docenas, entre producciones de estudio y registros en vivo), incluido el más reciente y muy recomendable Twentyfour.

Su último trabajo es hijo de la pandemia, ese tiempo en el que muchos músicos reconfiguraron sus planes y se adaptaron a las imposibilidades de los shows y las dificultades para crear música y grabar. De ese tiempo, en parte, es ese álbum; y de la pospandemia, un infarto que lo tomó por sorpresa, como a todo el que los ha padecido, pero contra todos los pronósticos que se pueden elaborar a partir de la vida de un hombre saludable. Para 2023, cuando ya había vuelto a su buen ritmo de conciertos, de aviones y hoteles, otra parada obligada lo invitó a mirar hacia adentro y darle los últimos toques a Twentyfour. Y como mirar hacia adentro también es, a veces, mirar hacia atrás, su vida sobre los escenarios hoy tiene mucho de distintos momentos de su historia, mucho de guitarras eléctricas, acústicas y españolas, de composiciones propias, de canciones de The Beatles y obras de Piazzolla.
Los próximos12 y 13 de septiembre volverá a tocar en La Trastienda de Buenos Aires. Viene con un trío acústico que se completa con el guitarrista Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, y trae un repertorio de canciones que no tiene problema de espoilear. Al menos su origen. “Vamos a tocar música de diferentes discos, como Infinite Desire, Consequence of Chaos, Opus, Pursuit of Radical Rhapsody. Tengo muchísima música en discos que nunca he tocado en vivo. Así que vamos a hacer muchos temas originales de todos los discos, incluyendo el nuevo.
–¿A qué remiten temas como “Immensurable”?
–Bueno, la idea de “inconmensurable” surgió después de ver lo que pasó en Beirut con la explosión [en el puerto de la capital libanesa, en 2020, que dejó 218 muertos y más de 7500 heridos]. Fue un evento catastrófico. La palabra se me quedó grabada: inconmensurable. Es algo que, simplemente, no se puede medir. Es inmenso. Es una suite de tres partes. “Inconmensurable 1” se convirtió en la pieza central del disco. El disco estaba pensado para ser un trabajo en solitario debido a la pandemia. Pensé que, al volver a tocar, no podría hacerlo fácilmente con una banda por las restricciones de los viajes, así que quise componer como si pudiera interpretar esta música en solitario. Por eso, “Inconmensurable 1” y “Inconmensurable 2” siguieron siendo piezas en solitario. “Immeasurable 3″ es más bien un dúo, y de hecho la interpretamos en el espectáculo. Son tres piezas musicales muy sofisticadas. Creo que, como compositor, el tiempo del Covid me llevó a otro nivel. No tuve que ir al aeropuerto, ni empacar maletas, ni dar entrevistas, ni distracciones, ni perder el ritmo al componer. Realmente siento que pude profundizar en estas composiciones. Nunca pretendí que fueran comerciales. En realidad, se trataba de una forma de arte, algo que considero muy agradable estéticamente. Y espero que también para el oyente de guitarra.
–Hace tres años sufriste un infarto. ¿Qué cambió en tu vida desde entonces? ¿Superar un infarto nos muestra una perspectiva diferente de la vida?
–Bueno, no tuve ningún daño grave. De hecho, estaba en muy buena forma. Simplemente, la obstrucción en las arterias se produce a lo largo de muchas décadas. Como tenía un corazón fuerte y gozaba de buena salud, mi corazón no sufrió daños graves. Pero cuando tenés un infarto pensás en la muerte con más frecuencia.
–¿Te preguntaste: por qué a mí?
–Cuando me dijeron en la ambulancia que estaba teniendo un infarto, me sentí muy decepcionado. Ni siquiera tenía miedo. Solo pensaba: “¡Maldita sea!”. Estaba seguro de que estaba súper sano y que eso nunca me pasaría. Mi estilo de vida era saludable. Así que, sí, pensé: ¿Cómo es posible que me pase esto? No puede ser.
-¿Encontraste alguna respuesta?
-Bueno, sé que es hereditario, así que tengo que seguir con la medicación y esperar lo mejor. Pero cuando tienes un infarto, siempre te preocupa tener otro.
-Hablemos de mejores herencias. ¿Me contás de esa madre italiana que cocinaba y del proyecto de gastronomía y música que comenzaste hace algunos años como Casa Di Meola?
– Sí. Yo solía verla cocinar y hacer pasta desde cero, desde el principio, con las máquinas. Éramos italianos muy orgullosos. Mi madre creció en Italia, así que su conexión con el país era aún mayor que la de muchos italoamericanos. Sabíamos apreciar la buena comida porque la disfrutábamos a diario. Hay que probar la comida mientras cocinás para asegurarte de que los ingredientes sean los correctos. Lo mismo ocurre con la música: al componer una canción, hay que asegurarse de que todos los ingredientes sean los adecuados. Existe una correlación entre saber cómo deben saber las cosas y cómo deben escucharse. Y esta es la razón de ser de Casa Di Meola. Casa Di Meola se ha convertido en algo mucho mejor y más grande de lo que imaginábamos, porque creamos un concepto original: ofrecer una experiencia única a personas selectas que pueden permitírselo.
-¿Cómo es la dinámica?
–Venir aquí, ser huéspedes en mi casa, disfrutar de una exquisita comida gourmet de tres platos y verme cocinar. Al mismo tiempo, hacerme todas las preguntas que se les ocurran. Luego, cenamos juntos durante unas horas. Después de la cena, disfrutamos de una gran variedad de vinos y champán. Es un evento muy bien organizado, algo muy original. Finalmente, bajamos a mi estudio y doy un concierto privado.
-¿Cuándo y por qué decidiste abrir tu casa al público?
-Por el Covid. Con el Covid no había nada. Nadie tocaba en ningún sitio. Resulta que invité a un par de amigos a casa. Era verano, estaban sentados afuera y le dije a mi esposa que iba a cocinar un plato de pasta especial, algo que nunca habían probado. Entonces ella empezó a grabarme porque hacíamos muchas transmisiones en vivo. Incluso desde el estudio transmitíamos muchas actuaciones. Entonces ella dijo: “Voy a hacer una transmisión en vivo mientras cocinas”. Y la gente se sorprendió al verme hacer algo tan ajeno a la música. Así que me giré hacia el teléfono, lo miré fijamente y dije: “Si quieres, puedes venir y te cocino en persona”. Pero solo estaba bromeando.
-No hablaba en serio, pero luego leímos los comentarios y vimos que había mucho interés. Pensé: “Un momento, quizás sea una buena idea. Quizás podríamos hacerlo”. Y recibimos a nuestro primer visitante de Detroit. Era un día muy caluroso y fue una experiencia maravillosa. Cenó tres platos, comida que nunca había probado en su vida, luego hice un espectáculo y al final tocó conmigo. Entonces dijimos: “¡Guau, quizás podríamos repetirlo!”. Y así fue. Probablemente ya hemos hecho un centenar de transmisiones en vivo. Tanto aquí, en Nueva Jersey, como en nuestra casa de Capri, en Nápoles.
-Empezaste en la música cuando eras muy joven. Tocas por todo el mundo. ¿Qué tipo de experiencias personales te perdiste por la música? ¿Cocinar, por ejemplo?
–No, la verdad que no me interesaba cocinar cuando era tan joven. Era muy unidimensional. Solo me interesaba practicar y los conciertos. Y cuando eres joven es una época maravillosa de la vida porque normalmente no tenés familia, no tenés facturas que pagar. No tenés responsabilidades. Y tenés muchísimo más tiempo para dedicarte a tu instrumento, desarrollar tu propia voz y dejarte influenciar por todos los discos increíbles que salían en los 60. ¡Madre mía, cuántos discos increíbles! Y yo vivo cerca de Nueva York, así que había muchísimos conciertos geniales en la ciudad. Fue una época mágica. Simplemente, la mejor.
-¿Qué cosas pudiste expresar con una guitarra pero nunca con palabras?
-Bueno, la música habla. Puede hablar mucho más profundamente que las palabras. Puede llegar a lugares emocionales que las palabras no pueden expresar tan fácilmente, especialmente para los hombres. Y es entonces cuando logras conmover el corazón de la gente a través de la música instrumental. Eso es realmente conmovedor, ¿sabes? Si logras emocionarlos hasta las lágrimas, si tal vez ese pasaje musical les recuerda a alguien que extrañan, un lugar que añoran o un momento maravilloso, entonces sí que puedes tocar el corazón con la música. Eso es algo que la composición puede hacer mucho mejor que la improvisación. La improvisación es más cerebral. Es más mental. ¿Me entiendes? La improvisación, normalmente, no toca el corazón. La composición toca el corazón, o tiene la capacidad de hacerlo. Escucha a Piazzolla. Hay algunos momentos que te dan ganas de llorar. Y ese es el mayor halago que un compositor puede recibir: conmover el corazón de alguien.

-En 2026 se cumplen tres décadas desde que grabaste un disco dedicado a la música de Piazzolla. Supongo que algo habrá en tus recitales porteños…
-Sí. Toco a Piazzolla en todos mis conciertos.
-¿Cambió tu manera de sentir la música de Piazzolla en los últimos 30 años?
-Creo que “sincopo” la música de una manera más latina, más como una fusión entre La Habana y Buenos Aires, donde la síncopa, en lugar de una estructura clásica europea, predomina en el ritmo. Así es como Piazzolla la compuso, y me encanta cómo la escribió. Me encanta la forma original. Pero él quería que lo hiciera a mi manera. Éramos amigos. Y el siguiente disco iba a ser un disco mío con él. Desafortunadamente, por el momento en que sufrió un derrame cerebral en París, no pudo ser. Pero él siempre me elogiaba y me escribía cartas, lo cual me parecía increíble porque era como un Bach moderno, ¿sabes? Y Piazzolla cambió mi visión de cómo iba a sentir y componer música en el futuro. Tuvo un profundo desarrollo estético sobre lo que yo debía hacer, porque la música fusión y el jazz se estaban alejando cada vez más del corazón, volviéndose más cerebrales y atonales. No conectaban lo suficiente con el corazón. Y yo quería volver a esos elementos del ser, donde la música me conmovía. Quería volver a conmoverme con la música y Piazzolla lo logró.

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