Se llama Uma, es la hija de un gran guitarrista argentino y comparan su voz con la de Karen Carpenter
Se presentarán este viernes en La Fábrica, donde interpretarán las canciones del álbum debut de Uma
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Robert Fripp conoce a Uma Kabusacki desde que ella tenía dos años. Para su padre, Fernando, la relación con el guitarrista británico se remonta a casi cuatro décadas: Fripp fue uno de sus grandes maestros, una figura decisiva en su recorrido musical y alguien con quien llegó a construir una relación casi familiar. Ahora, esa historia vuelve a entrelazarse en Seattle, el primer disco de Uma, donde su padre asume el rol de músico y productor, y el fundador de King Crimson participa como guitarrista en una versión de “Mary”.
La escena resume bastante bien la particular historia musical de los Kabusacki. Fernando, guitarrista con una extensa trayectoria, que incluye la creación del grupo Los Gauchos Alemanes en los noventa y trabajos con artistas como Charly García y Juana Molina, ve ahora cómo su hija empieza a construir su propio recorrido. “Recuerdo haber sabido siempre que la música que yo escuchaba la iba a influir en su crecimiento y en su vida, por eso siento que es tan importante hacer música que sea buena. Tiempo después, de más grande, Uma siempre venía a acompañarme a donde yo tocaba. Con Flopa Lestani, Marina Fages, Charly García o con Francisco Bochatón”, rememora el músico junto a su hija, en diálogo con LA NACION.
Hoy Uma tiene 21 años, se formó en el Conservatorio Juan Pedro Esnaola, participó de cursos de Guitar Craft dirigidos por Fripp, realizó giras por Europa y Japón, y compartió escenarios con músicos de distintas generaciones. Pero Seattle es el primer proyecto en el que todas esas experiencias empiezan a ordenarse desde un lugar propio.
El álbum fue grabado en el legendario London Bridge Studio, el estudio de Seattle asociado a grabaciones de bandas como Alice in Chains, Soundgarden y Pearl Jam. Producido por Steve Ball, D Box y su padre Fernando, el disco reúne versiones de canciones que fueron importantes a lo largo de su camino. “King Kong” y “La máquina de ser feliz”, de Charly García; “Jokerman”, de Bob Dylan; “First Love”, de Adele, y “Tu nombre y el mío”, de Lisandro Aristimuño son algunas de ellas, y podrán escucharse en vivo este viernes 4 de septiembre en La Fábrica.

“Hace un par de años vinieron a casa Steve y D Box, dos amigos de toda la vida, y decían que la voz de Uma les hacía acordar a Karen Carpenter. Le pasaron el tema ‘Superstar’ y ella lo aprendió en dos minutos. Quedaron impresionados no solo por la rapidez, sino por la capacidad de ella de hacer propias canciones que quizás no conocía y cantarlas de una manera personal. Ahí surgió la idea de hacer un disco”, relata Fernando.
“Fuimos allá con la idea de ver qué salía más orgánico y de pasarla bien haciéndolo allá con ellos, con quienes también hay una relación cercana”, cuenta Uma. Es por eso que, más que como un repertorio de versiones, Seattle funciona como una especie de mapa personal, que guarda distintas historias. “Mi objetivo era lograr que aunque sean versiones, pudiera sentirlo mío. Todas las canciones que están me marcaron de alguna forma, quizás en cómo las conocí o en escucharlas y que me dejen huella. Se fueron seleccionando solas, no hubo un plan de cómo conectarlas. Por ejemplo, ‘King Kong’ la conocí hace relativamente poco y me encantó. La probamos estando en el living de la casa de D-Box y dijimos, ‘Es esto’. Esa espontaneidad nos fue llevando a la decisión”, añade.
Una de esas historias la llevó hasta Terre Roche, integrante del histórico grupo estadounidense The Roches. Durante un viaje a Texas, Uma conoció a la cantante y tuvo la oportunidad de cantar con ella, acercándose a una música que hasta entonces conocía desde otro lugar. Ese encuentro luego inspiraría que “Runs in the Family” fuera incorporada al repertorio de Seattle. Así se fue armando el disco. Detrás de cada canción hay una experiencia, un vínculo o un momento de formación que aparecen reunidos sin necesidad de forzar una unidad.
Y en ese proceso también aparece Fernando. No solamente como padre, sino como músico y productor.

—¿Cómo fue acompañar la construcción del disco como productor sin imponer una dirección?
Fernando: –En realidad el trabajo de producción fue proponer y sugerir, pero lo principal era dejar que ella decida todo. Creo que para los tres, tanto en mi caso como en el de Steve y D Box como productores, fue muy lindo trabajar juntos, la idea era darle un sustento y un “¿Cómo querés que lo hagamos?”. En realidad la productora era ella con nuestro apoyo. Me parece que la idea del productor es que sea ella y que el disco tenga su color. Creo que lo logramos, creo que fuimos un éxito como trío de producción.
Para Uma, esa libertad fue también uno de los desafíos del disco. “Yo soy muy de preguntar, a veces no sé qué quiero y acá hubo que tomar decisiones”, cuenta. Fernando, sin embargo, insiste en que esa capacidad estaba ahí: “Ella sabe lo que es bueno”.
La dinámica entre los dos no apareció solo con la elaboración del disco, viene de años atrás, en los que compartieron escenario en distintos proyectos. Uno de los primeros fue con la Kabusacki Band, a la que Uma se sumaba a cantar habitualmente. Luego llegó también Los Instrumentales de Charly, el proyecto que compartieron con Fernando Samalea y Matías Mango.
—¿Cuándo sintieron que dejaron de ser solamente padre e hija para convertirse también en colegas?
Fernando: –A mí me pasó cuando tocamos en Los Instrumentales de Charly, porque no fue un proyecto en el que que yo sugerí que ella cante, éramos compañeros de banda, compañeros de trabajo, incluso. Éramos los dos parte de una banda más grande.
Uma: –Sí, y a mí me encanta que estén esos momentos. Quizás estamos en casa y nos proponemos ensayar un rato o no nos vemos, pero decimos: ‘Mañana necesitamos organizar, hablar del show, del disco’. Esos momentos para mí son buenísimos, porque te saca un poco de ese lugar familiar pero, al mismo tiempo, es mi papá.
La relación y el aprendizaje musical, además, funciona en las dos direcciones. Fernando fue quien acercó a Uma a una parte importante de la música que la rodeó desde chica, pero ella también empezó a abrirle puertas hacia sonidos y artistas de su generación. Adele, Rosalía, y C.Tangana aparecen entre los que Fernando conoció a partir de las recomendaciones de su hija. “La gente de mi edad o los músicos con más experiencia muchas veces tenemos eso de: ‘Yo ya sé y escuché todo, mucho más que ustedes que son jóvenes’. Y la verdad que no, tengo mucho que aprender y que conocer. Aprendí a no dudar de que a lo que me recomienda le voy a prestar atención porque es realmente bueno. También escuché mucho trap gracias a ella, fui a festivales y en un momento llegué a decir: ‘Hay más rock acá que en el llamado rock nacional’”.
Uma, además de la música heredada de su padre, confiesa que aprendió de él su manera de vincularse con ella: “Su relación con la música se da desde un lugar muy genuino. A veces uno al concentrarse tanto en la técnica termina olvidándose que en realidad esa conexión y el disfrute son lo más importante”.

Esa idea también atraviesa la manera en que nació Seattle. Y desde ese mismo lugar surgieron algunas de las colaboraciones más significativas del álbum. En “Jokerman”, de Bob Dylan participan, por ejemplo, León Gieco, Lisandro Aristimuño y Ariel “Topo” Raiman. “Como en la versión original toca Sly Dunbar la batería, llamamos a uno de los mejores bateristas de reggae que hay en Argentina, que es el Topo Raiman, el baterista de Los Pericos. Lisandro es muy fan del dub y el reggae le fascina. Es un bajista increíble. Y como sabemos que a León le encanta Dylan, también le gustó la idea y grabó las armónicas. Todos se acercaron por entusiasmo y por compartir ese amor por la música y por las canciones. No hubo nada de compañías, ni de exposición, ni de especulaciones”, reconoce Fernando.
Otro de los casos más significativos es el de Robert Fripp. La relación de Fernando con el guitarrista viene de unos 39 años atrás, desde que se fue a buscarlo de Rosario a Londres, y el destino y la perseverancia hicieron que no solamente lo conociera, sino que también aprendiera a tocar con él y terminara integrando los cursos de Guitar Craft, dirigidos por el célebre músico. Tiempo después, Uma, por su parte, participó también de esos espacios y llegó a cantar “Mary”, una canción de Fripp cantada por Terre Roche que había quedado registrada originalmente en Exposure, el disco de 1979. Fripp la escuchó y respondió con una palabra: “Magnífico”. Sus guitarras terminaron formando parte del disco.
—¿Qué significó para vos que Robert Fripp escuchara tu versión de “Mary” y terminara siendo parte del álbum?
Uma: –Tenerlo en el disco es increíble, pero lo más importante para mí fue esa aprobación de que realmente le gustó. Ese “ser avalada por Robert Fripp”.
Fernando: –Ahora está proponiendo otras cosas más. Manda ideas para que Uma cante. Está muy presente en esto de apoyarla a ella, le parece buenísimo como canta.
–Charly García también aparece como un punto de encuentro entre sus dos recorridos. ¿Qué significa su música para cada uno de ustedes?”
Uma: –En mi caso como siempre estuvo tanto en mi casa y como es muy cercano siempre pensé en Charly como alguien increíble, pero lo dimensioné y lo aprecié mucho más estando en Los instrumentales de Charly, conociendo canciones que quizás no iba a conocer por mi cuenta. Hace poco tocamos con otro proyecto, Los Chilenos de Charly, y al tocar con ellos te das cuenta también lo importante y fuerte que es su influencia. Esas experiencias puntuales de meterme un poco más de cerca me hicieron valorarlo mucho más.
Fernando: Alguien hace poco le preguntó a Charly cómo es que su música es tan apreciada por gente tan joven. Charly contestó: “Porque la hice con amor.” Eso es lo que le llega a los pibes. Llega a un público muy joven que lo ama, incluso siendo de otra generación, como Uma que canta sus canciones y siento que se conecta con su obra de una manera muy directa. Son músicos que cuando hicieron muchos de esos discos tan emblemáticos también eran jóvenes, entonces le están hablando a sus pares en cierta forma.
– ¿Cómo ves hoy la escena musical y la generación de músicos de la que forma parte Uma? ¿Hay algo que te sorprenda de cómo entienden la música que sea diferente de cómo lo veías vos a su edad?
Fernando: –Lo que podría decir que no me gusta es que la gente joven pudiendo hacer cualquier cosa que se les ocurra hacen un poco todos lo mismo y siguen una especie de reglamentos supuestamente escritos, para gustarle al mercado, a los productores o al público. No sé por qué, pero siento que muchos de los músicos jóvenes no están diciendo la verdad, sino que están tratando de vender, especulando. Seguramente en mi época también había músicos que hacían eso, pero había mucho de libertad. Los músicos que estamos versionando, como Charly García, Robert Fripp, Bob Dylan o Adele son músicos que decidieron hacer lo que realmente les parecía y ser lo más genuinos y verdaderos posibles, por el amor a la música también.
—Después de hacer Seattle, ¿Qué sienten que cambió entre ustedes como padre e hija y como músicos?
Uma: –Siento que creció mucho más ese lado de ser compañeros musicales
Fernando: –Sí, yo disfruto muchísimo de tocar con ella y de ver cómo se consolidó, tiene una presencia mucho más fuerte y más segura. Seattle la pone a ella adelante, es la cara de ella y su nombre. Espero poder seguir apoyando sus proyectos. Sé que la música la va a llevar por lugares muy buenos.
Este viernes, cuando Seattle llegue al escenario de La Fábrica, padre e hija volverán a compartir música. Pero para Uma el disco no parece ser un punto de llegada, sino una parte más de una búsqueda que todavía está en movimiento. Ya trabaja junto a Tomás Hepner y Fernando en un nuevo álbum, muy diferente de Seattle, que empezó casi sin un plan previo y terminó llevándolos de una idea más ambient hacia canciones propias, con una impronta más electrónica e incluso dance en algunos momentos.
Es, en definitiva, una forma de hacer música que parece coincidir con la manera en que Uma entiende su propio recorrido. “Todo me entusiasma”, dice. “Soy de decir ‘probemos, la pasamos bien, lo hago, lo disfruto’ y sale desde ese lado”. Después de un primer disco construido con canciones que la acompañaron durante años, ahora empieza a descubrir también qué puede pasar cuando las canciones empiezan a salir de ella. Quizás, por ahora, no necesite mucho más que eso. Dejar que la música le muestre hacia dónde seguir.

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