Dos miradas de Rusia bajo la batuta de Srba Dinić al frente de la Filarmónica de Buenos Aires

Hace siete años, llegó al Colón como director invitado de la Orquesta Estable para dirigir un Don Pasquale en la temporada lírica, y un reemplazo de último momento en la Filarmónica (OFBA) selló su vínculo con el organismo que desde entonces no ha dejado de convocarlo como uno de sus colaboradores asiduos.

“Mi primer trabajo con ellos fue ese reemplazo. Yo estaba dirigiendo ópera, el director que tenía concierto con la OFBA canceló después del ensayo general y me preguntaron si era capaz de salvar la noche. Lo hice y fue un gran éxito”, recuerda el prestigioso maestro serbio radicado en Suiza, actual titular de la Orquesta Sinfónica y el Coro de la Radio y TV serbias en Belgrado que, a un año de su última presentación, regresa con un programa enteramente ruso dedicado a Shostakovich y Rachmaninov bajo el título de “Dos miradas de Rusia”. Sobre las obras y los compositores, Dinić dialogó con LA NACION.

–Dos compositores, dos obras de gran formato, dos estructuras y maneras distintas de entender la música ¿Hay un trasfondo que conecte las obras del programa?

–La diferencia de cómo ver y crear la música. Shostakovich, que se quedó en la Unión Soviética y sufrió bajo el régimen de Stalin, que al comienzo lo celebraba como uno de los grandes compositores y después, aún con esa fama, lo arrastró a un gran padecimiento. Tuvo una vida dura, aunque sumamente productiva, en la Rusia soviética. Rachmaninov, en cambio, se fue a los Estados Unidos y creó una música “a la manera de Hollywood” que a la gente le encanta. Son dos miradas, dos estilos, dos filosofías de vida.

Srba Dinic vuelve a dirigir a la Filarmónica de Buenos AiresFabián Marelli

–Comienza el programa por la 15ª Sinfonía de Shostakovich, una obra curiosa y enigmática desde el material musical que recurre a citas textuales de otros compositores como Rossini y Wagner. ¿Por qué lo hace? ¿Qué significan y cómo interpreta esas inclusiones?

–La cita más famosa es el Guillermo Tell de Rossini del 1º movimiento que está entre la música dodecafónica y la neoclásica, pero siempre con una estructura clara. Es el movimiento más difícil para la orquesta en cuanto a la transparencia y la homogeneidad que requiere en el nivel instrumental y virtuoso de cada grupo. Hay teóricos que ven en esta obra una sinfonía autobiográfica, donde el 1º movimiento es la juventud. El principio del 2º, una marcha pesada, como el tiempo de Stalin y un cello solo que habla como una persona. Esa persona es Shostakovich. El hombre que sufre en un diálogo íntimo con las cuerdas y una guerra con ese país pesado que vuelve en los metales. Es la batalla entre Shostakovich y el sistema. El 3º es un Scherzo sarcástico donde se burla de la política y el régimen. Algo del sarcasmo que se advierte en el 1º cuando anuncia el peligro que acecha la vida del compositor. Y el último movimiento, la curiosidad más grande, cuando empieza el “motivo del destino” de la Tetralogía wagneriana. Shostakovich conocía su destino. Estaba enfermo y sabía cuál era el final. Los arcos hacen una música maravillosa, simple y bella, una reminiscencia a la vida juvenil, del recuerdo sin preocupaciones. Y es sorprendente cómo termina, con un solo de percusión a modo del mecanismo que funciona y funciona hasta que se detiene, como cuando la vida dice ¡hasta aquí! Hasta aquí llegaste. Shostakovich nunca escuchó la sinfonía, ni siquiera en los ensayos dirigidos por el hijo que tuvo a su cargo el estreno mundial.

–¿Por qué piensa que elige a Wagner para el final, no solo de su obra sino de su vida?

–No lo sé. Francamente no conozco esa respuesta que he buscado cada vez que hice esta sinfonía. Nunca encontré la explicación. Está claro el sentido del motivo (el destino), que se trata de una música potente y como dije, que él mismo nunca la escuchó. Hay compositores que usan su lenguaje para escribir, pero tienen a la vez sus ídolos. Puede ser algo de eso, pero no tengo la respuesta.

Srba Dinic en el Teatro Colón Fabián Marelli

–Cuando habla de la transparencia en los grupos orquestales como una dificultad, ¿a qué se refiere y cómo lo trabaja?

–Normalmente se tiene una imagen equivocada de Shostakovich. Se piensa que es una música casi contemporánea donde la calidad del sonido no importa demasiado. Que se necesita tocar forte-piano, rápido-lento, las notas justas y basta. No es así. Y menos esta obra, que así no funciona. Porque hay muchos caracteres y colores interesantes, y mi trabajo en estos primeros ensayos fue explicar qué quiere decir esta música, qué tipo de expresión, de color, etcétera. Recién ahí, la música empieza a vivir. La orquesta tiene interés en tocarla, demuestra buena disciplina y atención, de modo que me da mucha alegría comprobar que vale la pena insistir con que no podemos reducirnos al forte-piano y al rápido-lento. Claro que todos saben que están Wagner y Rossini. Pero se necesita explicar el por qué Guillermo Tell aparece cuatro veces. Tres en los metales y la última en los clarinetes con una intención diferente, como en Richard Strauss, que usaba el clarinete para ser sarcástico. Y eso no es casualidad. ¡Shostakovich no escribía música de casualidad! Tenía una gran inspiración y una visión clara de aquello que deseaba expresar. Como dijo Mozart: “La música está detrás de las notas”. Y en esta obra realmente hay que encontrar lo que está detrás de las notas.

–¿Hacia dónde se dirige, en un cambio total de clima, la segunda “mirada de Rusia” con el 3º de Rachmaninov?

–A un clima romántico y tradicional. Este concierto ya lo hicimos con Nelson Goerner en el Coliseo hace dos años. La orquesta conoce la obra muy bien, y es un trabajo mucho más fácil para los músicos porque se trata de apoyar al solista. Aquí el movimiento difícil, por el diálogo con el piano, es el 3º. Es otro tipo de música. Es romántica y bastante tradicional, pero con armonías que se acercan al jazz. El año pasado hicimos el 2º concierto con Lugansky y fue un gran éxito. El 3º es un poco más moderno, va en dirección al 4º que es prácticamente de música contemporánea, muy difícil para todas las partes porque está hecho de muchos pequeños motivos sin conexión aparente, donde al menor error de un músico que no entra a tiempo, por ejemplo, se produce un caos total. El 3º concierto da mucho placer porque tiene una estructura clara y unas melodías maravillosas.

Srba DinicFabián Marelli

–Hablando de “Miradas de Rusia”, ¿qué nos puede contar desde Serbia, no sólo de la música sino de la potencia rusa tan influyente sobre Belgrado?

–Actualmente, el presidente de Serbia intenta una posición semejante a la del Mariscal Tito durante la ex Yugoslavia. Un equilibro pragmático entre Europa, América y Rusia, pero que ya no funciona como antes porque ahora son los chinos los que ocupan todo. Como decimos los serbios: no es fácil jugar varias bodas al mismo tiempo. Serbia tiene una posición geográfica muy especial y además mantiene un reclamo sobre Kosovo, de modo que la situación política no está bien como tampoco lo está en el resto del mundo. Nosotros tenemos una gran tradición, somos un país de más de mil años, fuimos parte del Imperio Romano y hasta el emperador Constantino el Grande nació en Naissus, mi ciudad natal. Es un país que ha sufrido en la historia: 500 años bajo el Imperio Otomano, las dos guerras mundiales y la implosión de la Yugoslavia cuando se separaron las repúblicas. Pero hoy felizmente hay una generación nueva que estudia y es educada, una generación a la que las guerras ya no le interesan porque quieren vivir.

Para agendar

Concierto “Dos Miradas de Rusia”. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires 80º aniversario. Director invitado: Srba Dinić. Solista: Aristo Sham (piano). Programa: Sinfonía nº 15 en La M. op 141 de Dmitri Shostakovich y Concierto para piano y orquesta nº 3 de S. Rachmaninov. Sábado 29, a las 20 y domingo 30, a las 11. Sala principal del Teatro Colón


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