“Hay que primerear”: el círculo rojo destaca el potencial de Argentina como proveedor estratégico y exige continuidad fiscal

El miércoles la Avenida Alvear se congestionó alrededor de las 12.30 del mediodía. Una nueva edición del encuentro del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp) tuvo lugar en el reconocido Hotel que lleva el nombre de la calle donde se ubica. El evento reunió a los mayores empresarios del país, así como al canciller, Pablo Quirno. Más allá de la típica conversación climática, muy característica de los argentinos, el foco de las charlas fue otro: la posibilidad que tiene la Argentina de proveerle al mundo lo que el mundo necesita.
En medio de un escenario global marcado por la fragmentación de las cadenas de valor y la búsqueda de proveedores seguros, la Argentina enfrenta una oportunidad histórica para posicionarse como actor central en la provisión de energía, alimentos y servicios avanzados. El desafío inmediato, reconocieron los empresarios, consiste en sostener el equilibrio alcanzado gracias al orden macroeconómico y las recientes reformas, bajo la conducción del actual gobierno.
Durante la jornada, el grado de confianza era palpable en cada mesa, donde el peso de las cifras que describió Quirno en su discurso se imponía sobre la retórica. El propio canciller destacó que en marzo las exportaciones de bienes sumaron USD 8.645 millones, con un crecimiento interanual superior al 30%, y que el superávit comercial energético superó USD 2.000 millones, el más alto de la historia argentina para un solo mes.
La coincidencia entre referentes empresariales y funcionarios giró sobre la ventana de oportunidad que ofrece la convergencia de factores inéditos: las reformas regulatorias, la consolidación del equilibrio fiscal, la modernización de sectores clave —minería, energía, economía del conocimiento— y la revitalización de acuerdos internacionales, como el convenio de cooperación económica firmado con Estados Unidos en febrero de este año y el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, que empezó a regir el 1° de mayo.

Detrás de la escena pública, los empresarios analizaron en voz baja la necesidad de “primerear” el contexto, convencidos de que la Argentina no enfrenta conflictos étnicos ni religiosos, condición que suma atractivo en un mundo que, sobre todo en un contexto volátil, prioriza la seguridad y la confiabilidad.
Con el antecedente inmediato del récord en exportaciones de carne bovina —un aumento del 54 % en el primer trimestre de 2026 respecto al primer trimestre de 2025, según precisó Quirno— y la rápida ocupación del cupo de miel hacia la Unión Europea tras la implementación del acuerdo Mercosur-UE, los empresarios insistieron en la necesidad de “seguir avanzando” en la eliminación gradual de las retenciones y en garantizar seguridad jurídica para nuevas inversiones, en especial a través del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y su última novedad, el Super RIGI.
A la espera de las definiciones políticas de 2027, los líderes del sector privado recalcaron que el mantenimiento del rumbo —superávit fiscal, apertura comercial e integración al mundo— es condición indispensable más allá de eventuales cambios de administración. “Tenemos futuro si sigue Milei; creemos va a reelegir. Pero es imprescindible que después haya un sucesor que garantice la continuidad”, expresó uno de los empresarios presentes a Infobae.
La firma del acuerdo de cooperación económica con Estados Unidos fue especialmente valorada, así como los avances para generar nuevos convenios con India, Vietnam, Japón, países de Medio Oriente y Canadá. De continuar la expansión, la cobertura de acuerdos internacionales pasaría de cerca del 10% del PBI global a una proyección de 50%, según expuso Quirno.
Según reconoció Betina Bulgheroni, presidenta del Cicyp, en su discurso de apertura, la transformación que vivió la Argentina en los últimos dos años y medio no consistió solo en promesas sino en “señales concretas”, como la consolidación del orden macroeconómico y la recuperación de la confianza internacional. “Recuperar la confianza internacional no es un gesto, es un proceso que requiere coherencia, persistencia y una visión clara de hacia dónde queremos ir”, sostuvo en su intervención.

Adrián Escandar
Frente a la tradicional discusión sobre cómo administrar crisis, el eje ahora es cómo construir escala y poder económico a partir de la previsibilidad y apertura. Los cambios ya alteran la mirada del capital extranjero, que evalúa a la Argentina no solo como protegida del contexto geopolítico mundial volátil, sino como plataforma para competir en valor agregado.
En los pasillos del evento, el debate sobre la competitividad y la elevada carga impositiva fue recurrente. “La respuesta que tenemos siempre del Gobierno es que están trabajando para eso. Y queremos que se haga de forma responsable. Sabemos que el presidente tiene otras demandas también”, reconoció otro directivo. Algunos asistentes hicieron referencia a la marcha universitaria reciente, admitiendo que la administración Milei enfrenta múltiples prioridades, igual de legítimas e importantes.
En las primeras filas se sentaron los máximos representantes del comercio, la industria y el sector agropecuario, junto a los referentes de la actividad bursátil y la construcción. El mapa del poder económico se completó con la presencia de los principales jugadores del sistema financiero y la banca, además de directivos clave de la industria energética y el transporte. También estuvieron representados los sectores de la logística, la industria farmacéutica y el consumo masivo
El ambiente del Cicyp evocó las grandes citas de la historia económica argentina, donde hasta el último gesto o apretón de manos tiene valor político. La llegada de Pablo Quirno al salón se percibió como un acontecimiento en sí mismo, provocando una reconfiguración espontánea de los empresarios que buscaron proximidad para expresar inquietudes y respaldo.
“El mundo dejó de premiar solamente la eficiencia y hoy premia también la seguridad económica. Y ahí es donde la Argentina tiene una oportunidad histórica, porque pocos países pueden ofrecer al mismo tiempo energía, alimentos, minerales críticos, talento humano, estabilidad relativa y una política exterior que empieza a ordenar alianzas con claridad”, enfatizó Quirno.
Mientras tanto, la base del consenso empresario parece clara: el ciclo de crecimiento y confianza internacional que atraviesa el país debe consolidarse y ser protegido de volatilidades políticas internas, con una sucesión institucional que evite rupturas abruptas. Una ventana de oportunidad que, tal como remarcó el canciller, “no será permanente”. La diferencia la marcará quién logre anticiparse, “primerear” las decisiones, y sostener el equilibrio fiscal y la previsibilidad, condiciones que hoy redefinen la posición de Argentina en el tablero internacional.

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