Cuál es la provincia que concentró el 60% de la creación neta de empleo privado en los últimos 15 años
Entre diciembre de 2011 y diciembre de 2025, el empleo privado formal en Argentina creció apenas 96.052 puestos de trabajo a nivel nacional. Detrás de ese número se esconde un dato que revela la magnitud de la transformación productiva que atraviesa el país: Neuquén explicó por sí sola el 60,8% de ese crecimiento neto. Ninguna otra provincia se acerca a ese protagonismo.
Los datos surgen de estadísticas del Ministerio de Capital Humano en base al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). En ese período, Neuquén pasó de 90.642 a 149.028 trabajadores registrados en el sector privado, una ganancia neta de 58.386 puestos. El dato forma parte de un análisis del economista jefe de PwC Argentina, José María Segura, quien en la edición de abril de la publicación Economic GPS señaló que “Neuquén es quizás el caso más elocuente” del proceso de cambio estructural que experimenta la economía argentina.
Segura precisó que, en 15 años, la provincia patagónica “explicó el 58% del crecimiento neto del empleo privado registrado a nivel nacional”. La leve diferencia con el 60,8% que arrojan las estadísticas mencionadas se debe a las diferentes metodologías de cálculo utilizados, pero ambos números apuntan en la misma dirección: ninguna jurisdicción del país generó empleo formal a una escala remotamente comparable a la de Neuquén.
La explicación central del fenómeno neuquino está en el desarrollo de Vaca Muerta, que convirtió a la provincia en el corazón de la producción de petróleo y gas no convencional de Argentina. El boom de inversiones asociado a ese fenómeno traccionó la demanda de empleo en la provincia de forma sostenida durante más de una década.
Segura enmarca este proceso en una transformación más profunda de la estructura productiva del país. Según su análisis, “la minería, la energía —impulsada por el desarrollo de petróleo y gas no convencional—, el agro y los servicios financieros consolidan su rol como motores de actividad”, mientras que sectores históricamente ligados a la demanda interna “muestran un rezago”. El mapa del empleo, escribe, “se está redibujando a lo largo de la cordillera, lejos de los centros urbanos tradicionales”.
El contraste con otras provincias es marcado. Buenos Aires, la jurisdicción con mayor cantidad de trabajadores registrados del país, sumó 37.572 puestos en el mismo período, con una variación de apenas 1,9%. Santa Fe incorporó 13.882 empleos y Córdoba, 12.822. Río Negro, que también tiene exposición a la actividad energética por su cercanía con Neuquén, sumó 13.120 puestos y explica el 13,7% del crecimiento total.
En el otro extremo, nueve provincias registraron caídas absolutas en el empleo privado formal durante el período: CABA perdió 42.941 puestos, Santa Cruz 9.020 y San Luis 5.512. También cayeron San Juan (-5.492 empleos), Chubut (-3.513), Formosa (-4.077), La Rioja (-1.958), Tierra del Fuego (-2.361) y Tucumán (-495).
El análisis de Segura advierte que esta redistribución geográfica del empleo no es neutral. Los datos de desocupación por aglomerado del cuarto trimestre de 2025 muestran que las ciudades vinculadas a la energía y la minería registran tasas de desempleo sensiblemente menores al promedio nacional, mientras que los aglomerados donde se concentra la actividad industrial y de la construcción —en particular el AMBA y su cordón urbano— “muestran un deterioro relativo”.
Este proceso no solo enfrenta restricciones económicas, sino también geográficas y sociales. Como señala el economista, el desplazamiento entre sectores “implica que familias enteras consideren relocalizarse, con todo lo que eso supone en términos de arraigo, infraestructura y calidad de vida”. Y hay indicios de que esa tensión ya opera en la práctica: en ciertas zonas y sectores, “las empresas enfrentan dificultades para cubrir posiciones calificadas y evalúan recurrir a trabajadores del exterior para sostener sus proyectos”.

La objeción más frecuente al modelo económico actual es su capacidad para generar empleo masivo. Sin embargo, José María Segura indicó que “no debería abstraerse del análisis la creación de empleo indirecto que, por ejemplo, conlleva la construcción de infraestructura asociada”.
El economista de PwC agrega una variable que el debate público suele ignorar: la demografía. La tasa de natalidad en Argentina viene cayendo de forma sostenida, los hogares sin hijos menores ya son mayoría y el promedio de hijos por mujer se ubica por debajo del nivel de reemplazo poblacional. En ese escenario, la presión sobre el mercado laboral para absorber nueva oferta de trabajadores sería menor que en el pasado.
Para Segura, el caso neuquino es la mejor evidencia de que el mercado, con tiempo, tiende a equilibrarse. “La evidencia sugiere que con el tiempo el mercado ajusta”, escribe, aunque advierte que “el factor clave aquí es el tiempo y la paciencia o no que tenga la sociedad para transitar el proceso”.
En esa línea, el análisis concluye que el desafío principal de Argentina no es tanto la cantidad de empleos que el nuevo modelo productivo puede generar, sino la capacidad del sistema educativo, institucional y territorial de “formar el capital humano y favorecer los flujos migratorios que esa transformación demanda”. La Argentina que viene, según Segura, “parecería tener menos un problema de empleo que un problema de empleabilidad”.

Los comentarios están cerrados.