Día Mundial del Beso: siete curiosidades científicas que revelan sus beneficios para la salud

Diversos estudios exploran cómo este gesto íntimo influye en la biología, el bienestar emocional y la conexión entre las personas, con hallazgos inesperados sobre su impacto en la vida cotidiana

El Día Mundial del Beso se celebra cada 13 de abril y pone en primer plano un gesto capaz de transmitir emociones y cruzar fronteras culturales. Lejos de ser solo una expresión romántica, simboliza la conexión entre personas y la construcción de vínculos en un acto íntimo que trasciende generaciones y contextos.

Hoy, los estudios revelan que besar no solo une a las personas, sino que también modifica procesos internos fundamentales, lo que convierte a este acto cotidiano en un fenómeno digno de ser celebrado y comprendido.

El significado de besar no siempre tuvo la misma función a lo largo de la historia. De acuerdo con un análisis publicado en Evolutionary Anthropology, el beso humano podría derivar de una etapa final de las sesiones de acicalamiento entre los primates ancestrales, donde los cuidadores utilizaban los labios protruidos para succionar restos de suciedad o parásitos de la piel. Al perder el vello corporal, los humanos conservaron solo el gesto simbólico, que se transformó en una herramienta para fortalecer lazos sociales y familiares.

El mismo artículo explica que, aunque existen otras hipótesis que vinculan el beso con la alimentación de los bebés o la inspección olfativa, la evidencia más sólida apunta a la función social y de cohesión. En las sociedades humanas actuales, las reglas sobre quién, cómo y cuándo se besa varían ampliamente, pero el beso mantiene un significado universal relacionado con el afecto, la confianza y la afiliación.

Un estudio de la Universidad de Bath reveló que la mayoría de las personas tiende a inclinar la cabeza hacia la derecha al besar. En la investigación, realizada en Bangladesh, donde los besos públicos no son habituales, más de dos tercios de los participantes giraron su cabeza hacia la derecha, tanto quienes iniciaron como quienes recibieron el beso.

Este resultado sugiere que inclinar la cabeza hacia la derecha al besar no es solo una costumbre aprendida, sino que podría estar relacionada con la forma en que el cerebro organiza sus funciones. Según los científicos, ciertas sustancias químicas como la dopamina, que intervienen en el placer y las emociones, no se distribuyen de igual manera en ambos hemisferios cerebrales. Esto haría que, de manera natural, las personas tiendan a girar la cabeza hacia un lado en particular al besar.

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