La Peña de Morfi vuelve con emoción, memoria y una dupla que promete: el regreso más esperado de los domingos
Carina Zampini y Diego Lueco, al frente del ciclo en esta temporada, revelaron secretos, anécdotas y emociones en una nota exclusiva para Teleshow. Además, quiénes serán las seis figuras invitadas al primer programa
Hay programas que no envejecen: se transforman en ritual. Y en la televisión argentina, pocos lograron ese lugar de pertenencia emocional como La Peña de Morfi. Este domingo, desde las 13, el clásico de Telefe vuelve a encender sus luces, la mesa vuelve a ocuparse, las guitarras a afinarse y ese clima de hogar compartido para celebrar nada menos que diez años al aire. Una década que no solo habla de permanencia, sino de identidad, de algo que logró atravesar modas, nombres y formatos para instalarse como una cita obligada.
La conexión no es nueva. Se conocen, se probaron en pantalla y, sobre todo, se eligieron. “Es que nos conocemos de antes con Diego”, explicó ella. “Tuvimos la posibilidad de compartir un programa en streaming en el verano, fue corto pero fue lindo”, suma él. Y enseguida aparece la clave de ese vínculo: “Era un programa que no existía, arrancábamos de cero. Cuando empezás a conducir algo que estás creando en conjunto, eso une mucho”, detalló él. Zampini asiente. Recuerda esos dos meses “de mucho laburo, de mucha entrega” y concluye: “Nos llevamos espectacular”.
Esa complicidad fue determinante cuando llegó la propuesta. “Yo apenas me enteré que iba a estar Carina dije: ‘No, listo, felicidad total’”, reconoció él. Y ella no se quedó atrás: “Para mí también. Cuando me propusieron estar en La Peña fue automático. Ni lo dudé. No hubo eso de ‘a ver, déjame pensar’… dije sí, obvio”. Y profundizó, casi como una declaración de principios: “Para mí Diego es esa espalda, esa seguridad. Lo que más valoro con los años es el compañerismo. Y Diego es un gran compañero. A eso sumale que es profesional, responsable, tiene humor… eso ya es un cien”.
El peso de los diez años aparece en la conversación, pero no como una carga, sino como una conquista. “Es el peso, pero también lo lindo de que un programa durante diez años tenga este éxito y esta recepción del público desde un lugar tan sano”, reflexionó Diego. Y se detiene en algo que define la esencia del ciclo: “Conectar con el arte, con la cocina, con el humor. Disfrutar en familia. Esos valores no son fáciles de sostener en la tele”.
Zampini lo tradujo con una imagen íntima: “Es como un libro que no querés que termine nunca. Cuando te gusta mucho, pensás ‘¿qué voy a hacer cuando se termine?’. Bueno, con La Peña pasa eso. Siempre querés que vuelva”.
Pero su regreso no es solo profesional. Es emocional. Profundamente emocional. “Es movilizante por muchos factores”, admitió. “Fui parte del inicio, estuve ahí, con Gerardo, en el primer programa. Y ahora vuelven todos esos recuerdos…”. Se detiene, sonríe, sus ojos se llenan de imágenes del pasado y suma una anécdota que pinta de cuerpo entero el espíritu del ciclo: “El otro día nos acordábamos de la coreo que hacíamos con Gerardo cuando entrábamos. Dijimos con Diego que algún día la vamos a hacer acá de nuevo”.

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