La coreografía que terminó en pesadilla: una bailarina terminó herida y condenaron a la municipalidad
El tribunal determinó que el auditorio no estaba en condiciones y que faltaron medidas de seguridad durante el espectáculo. Por eso ordenó a los organizadores pagar una indemnización por los daños físicos y morales sufridos por la víctima
La Justicia bonaerense resolvió condenar a la municipalidad y a la organizadora de un evento de danzas a indemnizar a una profesora que sufrió una grave lesión durante una competencia realizada en el auditorio municipal. El fallo estableció que la víctima deberá recibir más de dos millones cuatrocientos mil pesos, con intereses y costas a cargo de las demandadas.
Durante su participación sobre el escenario, la demandante sufrió un accidente cuando terminó una coreografía arrodillada y una astilla de gran tamaño se le incrustó en la pierna izquierda, provocándole heridas graves. La sentencia describe que el piso del escenario se encontraba en mal estado, situación que derivó en el incidente.
Testigos presenciales, citados por la resolución, afirmaron que la víctima permaneció tendida con la rodilla ensangrentada, sin poder levantarse por el dolor. Agregaron que, ante los pedidos de auxilio, integrantes del público y familiares subieron al escenario para asistirla. El espectáculo continuó mientras la profesora era llevada a una oficina contigua, donde aguardó casi una hora la llegada de una ambulancia.
La organización del evento, según los testimonios, optó por tapar la mancha de sangre y las astillas que sobresalían del piso con papeles, con el objetivo de continuar el espectáculo. La ambulancia la trasladó primero a un hospital local donde recibió las primeras curaciones y luego fue derivada a un centro de mayor complejidad en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, los médicos extrajeron quirúrgicamente una astilla de madera de seis por dos centímetros alojada en la rodilla.
La víctima requirió puntos de sutura y tratamientos con antibióticos y antiinflamatorios. Debió guardar reposo absoluto durante dos semanas, se movilizaba en silla de ruedas y necesitó asistencia para sus actividades diarias. Las secuelas incluyeron cicatrices permanentes y una incapacidad física evaluada en cuatro por ciento de la total obrera.
Durante el proceso judicial, la demandante expuso que comunicó reiteradamente a los responsables del auditorio y a la organizadora sobre su estado de salud y los gastos generados, sin obtener respuestas. El reclamo abarcó daños físicos, daño moral, gastos médicos y de traslado, así como los costos asociados al proceso.

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