05:44Alfredo Alcón: la historia del chico de barrio que descubrió a Shakespeare y llegó a ser el actor más respetado de la Argentina

El célebre intérprete falleció el 11 de abril de 2014, a los 84 años, después de haberse consagrado tanto en cine y teatro como en televisión. Reservado y ajeno al mundo de la farándula, mantuvo su vida privada lejos de los flashes hasta el final

Aún hoy, a 12 años de su muerte, el nombre de Alfredo Alcón sigue siendo sinónimo de excelencia en la actuación para los argentinos. El hombre oriundo de Ciudadela, falleció en la madrugada del 11 de abril de 2014 a los 84 años. Sus colegas lo recuerdan como el número uno. Y hay motivos de sobra para que así sea.

Los ingresos que obtenía su madre como obrera de una fábrica de medias no eran holgados. Apenas si le alcanzaban para mantener el hogar y permitir que Alfredo pudiera terminar el secundario. “Fui el peor alumno del colegio industrial”, decía él. En aquellos años, seguramente Elisa debe haber soñado con la posibilidad de que su hijo obtuviera un título profesional. Que fuera médico, ingeniero o abogado, por ejemplo. Como para garantizarse un ingreso digno. Sin embargo, allá por el año 1946, la mujer no dudó en anotarlo en el Conservatorio de Arte Dramático porque se dio cuenta cuál era su verdadera pasión. Y, allí, Alcón tuvo la oportunidad aprender del maestro Antonio Cunill Cabanellas.

“Creo que por eso soy actor, porque me hubiera gustado ser de todo. Hasta un pececito, el Papa, un árbol, un pájaro…”, decía. Pero reconocía que, por ser tan chico, al principio no le iba bien en las clases de teatro ya que todo le daba mucha risa. “Me ponían muchas amonestaciones. Y, al final, para que no se dieran cuenta de que me estaba riendo, hacía como que me desmayaba”, señaló.

El primer trabajo lo obtuvo gracias a su inconfundible voz y fue para leer los informes del Mercado de Hacienda en la radio. Pero no tardó mucho en pasar a protagonizar radionovelas y, poco después, a desembarcar en la pantalla grande. Cuentan que estaba haciendo Las dos carátulas en Radio Nacional cuando las cámaras del recordado noticiero Sucesos Argentinos llegaron a tomar imágenes de la emisora para un documental. Y que, al ver su porte, de inmediato lo convocaron para participar en la película El amor nunca muere, de 1955.

Paralelamente, comenzó a trabajar en teatro con Analía Gadé, en la obra Colomba, que dirigió Juan Carlos Torry. Como era demasiado tímido nadie le auguraba un futuro prometedor. Sin embargo, de ahí en adelante, todo se fue dando naturalmente para Alcón. Tuvo la oportunidad de llegar a su primer gran protagónico en 1956 de la mano de Mirtha Legrand, con quien hizo La pícara soñadora y entabló una gran amistad. “A mí ella me ayudó mucho y por eso le tengo un gran afecto. Fue muy generosa en un momento en el que una palabra de aliento se valoraba”, reconoció Alfredo al hablar de la diva.

En 1958 filmó La morocha, junto a Tita Merello. Y, a principios de los ‘60, se puso al frente de Un guapo del 900 y Piel de Verano, junto a Graciela Borges, ambas bajo las órdenes de Leopoldo Torre Nilsson, que creía en el talento de Alfredo mucho más que él mismo. En tanto, en 1964, se dio el gusto de hacer Hamlet, un especial para Canal 13, dirigido por David Stivel para conmemorar el aniversario número 400 de su autor. “Trabajaban Bárbara Mujica, Ernesto Bianco, Violeta Antier… Fue un reparto muy bueno y se vio mucho. Pero yo recién empezaba. Era un galancito lindo que de pronto, iba a hacer Shakespeare en televisión”, relató Alcón.

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