La pregunta sin filtro de Moria Casán a los hijos de Alberto Olmedo y Jorge Porcel: “¿Ustedes viven del apellido?"

Entre anécdotas, recuerdos y confesiones, los herederos de los recordados capocómicos expusieron los desafíos de crecer bajo la sombra mediática

El encuentro entre Moria Casán y los hijos de Jorge Porcel y Alberto Olmedo ofreció una mirada inédita sobre el legado, el peso del apellido y las huellas que deja la fama familiar. En un diálogo con momentos de sinceridad despojada, los protagonistas reflexionaron acerca de la herencia mediática y los desafíos de construir una identidad propia bajo la sombra de dos figuras centrales del humor argentino quienes compartieron múltiples trabajos con la diva en una época de oro del espectáculo nacional.

La carga simbólica del apellido Olmedo no fue solo una cuestión profesional, sino también personal. “Yo a mi padre no lo conocí, pero lo conocí a través de él (señalando a Porcel), tuyo (por Moria), de mi madre, de los amigos”, agregó Albertito, quien nació meses después de la muerte de su padre. Así, la construcción de su identidad se dio en ausencia, a partir de relatos y recuerdos ajenos, además del archivo de la obra de su padre.

La historia familiar de Jorge Porcel hijo reveló un entramado de distancias afectivas y afectos sustitutos. Recordó la dinámica en su hogar con una anécdota de la infancia: “Teníamos un departamento en Callao y Bartolomé Mitre, y hay una foto mía de chico con una pileta inflable”. Sin embargo, la presencia de su padre era intermitente: “Mi viejo era muy difícil de frenar, y solo dos personas lo lograban, Pepe Parada y mi tío Tito, que era el secretario. Es más, creo que era más querido mi tío, porque de cada diez saludos que me mandaban, ocho eran para mi tío y dos para mi viejo”.

La ausencia paterna tuvo consecuencias directas en la relación madre-hijo y la percepción de la figura del padre. Porcel hijo reconoció que evitaba juzgar a su padre, pero admitió el sufrimiento de su madre y cómo él, como hijo, se volcaba del lado materno: “A mi viejo no lo veía, porque él tenía una vida muy desordenada, él estaba con todas y con ninguna. No voy a juzgar eso, lo sufrí mucho como hijo porque mi mamá lo vivió muy mal. Y lógicamente me ponía del lado de ella”.

El relato no eludió los momentos más duros, como cuando los medios encontraron a su madre pidiendo dinero en la calle, episodio que atribuyó a decisiones económicas desafortunadas que los llevaron a perder un departamento.

La exposición mediática no solo afectó la imagen pública, sino que tuvo repercusiones directas en la vida cotidiana y la salud mental. Porcel hijo relató el estigma sufrido por su aspecto físico y las etiquetas que le impusieron: “Si no hubiera perdonado a mi papá, al medio que fue muy cruel hace 10 años… que te tilden de gordo vago. Yo soy discapacitado porque tengo una depresión profunda y una hiperobesidad delicada. A mí el médico en el examen me puso que soy depresivo profundo desde los 18 años y eso nadie lo puede negar”, expresó Jorgito, quien en reiteradas oportunidades aseguró que se mantenía con una pensión de discapacitado y la jubilación de su madre.

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