Gerardo Romano recordó el día que un cura lo echó: “Participé de orgías y tomé drogas”

El actor no esquivó preguntas y compartió anécdotas en Otro día perdido sobre su juventud, el impacto de la Iglesia en su vida y sus experiencias límite

En una entrevista durante el ciclo Otro Día Perdido (Eltrece), Gerardo Romano sorprendió al abrir su intimidad y repasar algunos de los episodios más extremos de su vida personal, en un relato que combinó humor, crudeza y una fuerte crítica a su vínculo con la religión. Invitado al programa de Mario Pergolini, el actor no esquivó ninguna pregunta y dejó definiciones que, fieles a su estilo, no pasaron desapercibidas.

Pero la historia no terminó ahí. Décadas más tarde, ya en otra etapa de su vida, Romano volvió a tener un acercamiento inesperado con la fe en un contexto completamente distinto. “A los 50 años terminé en Luján a las ocho de la mañana, fisurado, con unos amigos”, relató, en una escena que mezcló descontrol, madrugada y reflexión. En ese marco, decidió entrar nuevamente a un confesionario, donde se encontró con un sacerdote mayor.

Lo que siguió fue una confesión que, según sus propias palabras, incluyó algunos de los aspectos más polémicos de su vida. “Le dije: ‘Tuve sexo múltiple, tomé drogas, participé de orgías’”, recordó, ante la atenta mirada de Pergolini, que no pudo evitar reaccionar con ironía frente a la contundencia del relato. El conductor incluso bromeó con la repercusión que tendrían esas declaraciones: “Estoy viendo todos los recortes de mañana”, comentó.

La respuesta del sacerdote, lejos de generar un acercamiento, volvió a repetir el patrón de su juventud. “Me sacó la tarjeta y me dijo ‘vaya, vaya’”, relató Romano, dejando en claro que, una vez más, se sintió expulsado. “Después no volví más”, concluyó, reafirmando su distancia definitiva con la Iglesia.

En medio de la charla, el actor también se refirió al concepto de “sexo múltiple”, aclarando que no necesariamente implicaba grandes orgías, sino simplemente encuentros de más de dos personas. Sin embargo, deslizó una anécdota que volvió a captar la atención: aseguró haber estado en un lugar donde había unas sesenta personas. Aunque aclaró que no participó, admitió que la experiencia lo sorprendió. “Había mucha gente conocida”, dijo, sin dar nombres pero dejando abierta la intriga.

El intercambio con Pergolini se movió constantemente entre el humor y la incomodidad, en un tono que permitió a Romano desplegar su personalidad sin filtros. Lejos de mostrarse arrepentido, el actor relató cada episodio como parte de un recorrido personal que, según dio a entender, fue clave en la construcción de su identidad.

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