Por qué tu futuro financiero debería estar en la economía real

La planificación ya no puede pensarse solo en términos tradicionales

Vivimos más años que antes. En Argentina, la expectativa de vida ya ronda los 80 años y sigue en aumento, especialmente en los sectores de mayores ingresos, donde ya llega a los 90 años. A nivel global, la tendencia es aún más marcada: los avances tecnológicos y médicos están extendiendo la vida de manera sostenida. Sin embargo, seguimos tomando decisiones económicas y de vida como si ese cambio no existiera.

El resultado es evidente: jubilaciones insuficientes, déficit previsional creciente y una necesidad de generar ingresos por fuera del sistema. En este contexto, depender exclusivamente de una jubilación estatal ya no es una opción viable para quienes aspiran a mantener determinada calidad de vida.

Durante décadas, el “ladrillo” fue la respuesta natural en Argentina: resguardo de valor y generación de renta. Pero ese modelo también muestra límites. La renta inmobiliaria ya no siempre acompaña las necesidades de una vida más larga, ni ofrece la flexibilidad que exige el contexto actual.

Al mismo tiempo, existe una percepción generacional que puede jugar en contra. Quienes están en sus 40 suelen considerar que todavía tienen margen para ordenar su futuro financiero, pero muchas veces subestiman la velocidad con la que transcurren las próximas dos décadas. Entre los 40 y los 60 el tiempo pasa rápido, y las decisiones que no se toman a tiempo pueden limitar la posibilidad de llegar con mayor estabilidad a la etapa previa al retiro. En este período también deben contemplarse posibles contingencias, como la pérdida de empleo en relación de dependencia, cambios en el mercado para profesionales independientes o fluctuaciones en los negocios propios. Contar con respaldo financiero no es lo mismo que no tenerlo, y construirlo requiere anticipación.

Por su parte, quienes superan los 55 tienden a descartar proyectos de mediano plazo por considerarlos demasiado extensos, cuando en realidad aún pueden tener por delante varios años de actividad y necesidades económicas por cubrir. En ambos casos, el desafío es tanto financiero como conceptual: implica revisar cómo proyectamos nuestra propia vida y actualizar la forma en que pensamos el ahorro, la inversión y el vínculo con la economía real.

En paralelo, el mundo enfrenta otro desafío estructural: alimentar a una población que se proyecta cercana a los 10.000 millones de personas hacia 2050. Para eso, la producción de alimentos deberá aumentar entre un 60% y un 70%, en un contexto de recursos limitados y creciente presión ambiental.

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