Por qué la Luna aparece de diferentes colores en las fotos de Artemis II: la explicación científica

Las imágenes recientes de la misión revelan la riqueza cromática vinculada a la composición mineral y la historia geológica del satélite

La Luna, ese cuerpo celeste que acompaña a la Tierra desde tiempos inmemoriales, siempre se mostró ante los ojos humanos como una esfera gris y desprovista de matices. Sin embargo, las imágenes recientes captadas por la misión Artemis II de la NASA y procesadas con técnicas avanzadas de astrofotografía aportaron una nueva perspectiva.

Estas variaciones no son simples cuestiones estéticas: informan sobre la presencia y concentración de minerales y metales, abriendo una ventana a la historia volcánica e impactante del satélite.

Según explica la NASA, la superficie lunar está formada por regolito, una mezcla de polvo y roca fragmentada por los impactos de meteoritos y la acción constante del viento solar. A simple vista, este regolito parece gris, pero en realidad contiene óxidos de hierro y titanio, así como otros minerales que aportan matices específicos.

Regiones con alto contenido de titanio se ven más azules, mientras que las zonas ricas en hierro tienden al anaranjado. El basalto con ilmenita, abundante en titanio, aporta tonos azulados. El piroxeno, mineral característico de las áreas volcánicas, contribuye con matices rojizos. De este modo, cada color visible en las imágenes procesadas corresponde a una “huella mineral” concreta, resultado de la actividad volcánica, la solidificación y los impactos que la Luna experimentó a lo largo de miles de millones de años.

Desde las primeras misiones tripuladas y robóticas, la humanidad comprendió que la Luna no era un simple objeto inerte, sino un archivo natural de la evolución planetaria. La recolección de muestras durante el programa Apolo y por sondas soviéticas permitió analizar 382 kilogramos de rocas y regolito, piezas clave para entender la composición y dinámica del satélite.

Estos estudios revelaron que, en sus orígenes, la Luna fue un mundo fundido. Al enfriarse, los materiales más pesados, como el hierro, migraron hacia el núcleo, mientras que los más livianos formaron la corteza. El resultado fue una estructura diferenciada, con un núcleo sólido, un manto mayormente sólido y parcialmente líquido, y una delgada corteza exterior.

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