Científicos estudian el impacto de rayos cósmicos: claves para proteger a astronautas en misiones espaciales
La nueva infraestructura científica desarrollada en Alemania brinda herramientas precisas para estudiar los efectos sobre organismos y materiales fuera de la órbita baja terrestre
Los viajes espaciales tienen uno de los desafíos científicos más complejos: la protección efectiva ante la radiación de los rayos cósmicos galácticos.
Según los resultados compartidos por los responsables del proyecto, el nuevo simulador europeo representa la segunda instalación global capaz de recrear fielmente el entorno de radiación que enfrentarán los astronautas fuera de la órbita terrestre baja, sumándose al laboratorio del Brookhaven National Laboratory en Estados Unidos, que opera en cooperación con la NASA.
Ambos sistemas generan haces con una energía que permite reproducir las condiciones reales del espacio profundo.
El simulador supera una limitación histórica en la investigación espacial europea, como subrayó Marco Durante, catedrático de la Universidad Técnica de Darmstadt y jefe del departamento de Biofísica de GSI/FAIR, quien declaró: “Hasta ahora, no existía una forma fiable de simular los rayos cósmicos galácticos (RCG) en Europa”.
Los rayos cósmicos galácticos surgen de fenómenos violentos como supernovas fuera del Sistema Solar, y están formados fundamentalmente por protones, núcleos de helio y, en menor proporción, por las denominadas partículas de alta carga y energía (PACE o HZE). Según GSI/FAIR, “en el espacio, cada célula del cuerpo de un astronauta es atravesada por un protón cada pocos días, por núcleos de helio cada pocas semanas y por partículas HZE cada pocos meses”. La exposición aumenta en misiones que salen del amparo del campo magnético terrestre, como los proyectos de viaje y colonización lunar o marciana.
El impacto de los RCG sobre la salud humana es de largo alcance. Se los vincula a un mayor riesgo de cáncer, progresión de efectos degenerativos celulares y daños en el sistema nervioso central. De acuerdo con expertos de la Agencia Espacial Europea, la exposición a esta radiación es el principal obstáculo para asegurar la sostenibilidad y seguridad de los viajes interplanetarios, una categoría de peligro tanto para los tripulantes como para los sistemas electrónicos de las naves.

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