04:38La crio la esposa de su padre y a los 26 años pidió ser adoptada por ella: “Tener que demostrar que era mi mamá fue fuerte y raro”

Desde que nació, M. llamó mamá a la mujer que la crió, pero en su partida de nacimiento figuraba otra persona. El año pasado decidió llevar su caso a la Justicia y una jueza de familia de Viedma terminó reconociendo el vínculo

Esta historia comenzó el 25 de abril de 1986, cuando H. y E. —una parejita de jóvenes de 24 años que vivía en Bahía Blanca— decidieron casarse. Once años después, atravesaron una crisis y se distanciaron durante un año. A comienzos de 1999, se sentaron a conversar y resolvieron volver a intentarlo. Pero no lo harían solos: un bebé estaba en camino.

En 2025, madre e hija asistieron juntas al estudio de una abogada con una pregunta simple: si era posible que el Estado reconociera legalmente ese vínculo, que ya existía en su vida cotidiana. Es decir, que H. figurara en los papeles como la madre de M.

La respuesta llegó en febrero pasado, cuando el Juzgado de Familia N°5 de Viedma autorizó la adopción por integración. Para entonces, M. tenía 26 años y H. 64. La decisión judicial fue difundida por varios medios locales de Viedma y rápidamente llamó la atención por una particularidad: se trataba de una “adopción por integración” de una persona mayor de edad.

En el fallo, la magistrada Ana Carolina Scoccia explicó que este tipo de adopciones en familias ensambladas tiene como fin proteger el interés superior del hijo o hija reconociendo vínculos que ya existen. Aunque la joven es mayor de edad, la ley permite esta excepción cuando se demuestra que hubo “posesión de estado de hija” durante su minoría de edad; es decir, que siempre fue tratada y reconocida como tal.

Con el objetivo de conocer a las protagonistas de la historia, Infobae se puso en contacto con la abogada que llevó adelante el caso, la doctora Daniela Vivas, especializada en Derecho de Niñez, Adolescencia y Familia, para que les acercara la propuesta de una entrevista. Madre e hija agradecieron el interés, pero prefirieron no hablar públicamente por ahora.

A cambio, compartieron una reflexión sobre lo que significó el proceso: cómo vivieron cada paso del trámite y qué sintieron al llevar su historia ante la Justicia. “Tener que demostrar que mi mamá era mi mamá fue fuerte y raro, porque en mi vida siempre fue una verdad absoluta. También para ella fue movilizante. Ella misma dijo que recién ahora cayó en la cuenta de la importancia de lo legal. Durante mucho tiempo pensó que, al estar divorciada de mi padre, ya había perdido la oportunidad de adoptarme”, contó M.

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