Entre la protección y la responsabilidad: el nuevo Régimen Penal Juvenil y un debate que merece más profundidad

La reciente reforma moderniza el sistema, incorpora garantías procesales claras y diseña un esquema de intervención más acorde con los estándares contemporáneos de justicia

Después de 45 años, la Argentina finalmente dejó atrás el Régimen Penal Juvenil heredado de la última dictadura. No es un detalle menor. Durante décadas, la Ley 22.278 sobrevivió a reformas constitucionales, a la incorporación de tratados internacionales de derechos humanos y a innumerables críticas académicas que señalaban su carácter anacrónico. Su permanencia era, en muchos sentidos, una anomalía democrática.

La discusión es legítima. Pero también exige algo que suele escasear en el clima de época: un mínimo de rigor.

Durante años, el sistema jurídico argentino convivió con una paradoja difícil de sostener. Por un lado, el discurso institucional afirmaba que los adolescentes debían ser tratados bajo un paradigma de protección integral. Por el otro, el régimen vigente permitía intervenciones estatales extremadamente amplias, incluso privaciones de libertad, sin las garantías propias del proceso penal. Se trataba de un modelo tutelar que, bajo el pretexto de proteger, habilitaba decisiones profundamente discrecionales sobre la vida de los menores.

Ese esquema no sólo era problemático desde el punto de vista constitucional. También era, en muchos casos, injusto.

La nueva ley intenta corregir esa distorsión. Y lo hace introduciendo un principio que el sistema anterior evitaba enfrentar con claridad: la responsabilidad penal juvenil, dentro de límites estrictos y con garantías reforzadas.

La reacción crítica frente a la baja de la edad de imputabilidad suele partir de una premisa comprensible pero incompleta: que ampliar la intervención penal sobre adolescentes necesariamente implica un retroceso en materia de derechos. Sin embargo, esa conclusión pasa por alto un dato central. La pregunta relevante no es si el Estado interviene o no frente a determinados hechos cometidos por adolescentes, sino cómo interviene.

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