El consumo de alimentos ultraprocesados aumenta el riesgo de fracturas y reduce la densidad ósea
Un estudio analizó los hábitos alimentarios de más de 160.000 personas y halló que ciertos productos industriales tienen efectos negativos sobre los huesos. En qué edades se acentúan los efectos
Un plato de comida rápida, una galletita y una gaseosa. Esa combinación, habitual en la mesa diaria de millones, podría tener consecuencias silenciosas pero profundas para el cuerpo. Un estudio reciente de la Universidad de Tulane reveló que el consumo elevado de alimentos ultraprocesados está vinculado a una menor densidad mineral ósea y a un mayor riesgo de fractura de cadera. El hallazgo arroja luz sobre la calidad de la dieta moderna y sus efectos en uno de los pilares de la salud: los huesos.
La presencia de ultraprocesados en la dieta diaria no es marginal. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en 2023 este tipo de productos representaba el 55% de las calorías ingeridas por jóvenes y adultos en muchos países. El acceso y consumo resultan más frecuentes en hogares de clase media y baja, donde estos productos suelen ser más económicos y accesibles que los alimentos frescos.
Lu Qi, presidente distinguido de HCA Regents y profesor de la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical Celia Scott Weatherhead de la Universidad de Tulane, explicó: “El grupo de personas que participó en el estudio fue seguido durante más de 12 años y descubrimos que el consumo elevado de alimentos ultraprocesados se relacionaba con una reducción de la densidad mineral ósea en varias zonas, incluyendo áreas clave del fémur superior y la región lumbar”.
El impacto negativo de los alimentos ultraprocesados se acentúa en ciertos grupos. La relación entre consumo y pérdida de densidad ósea fue más marcada en personas menores de 65 años y en quienes tienen un índice de masa corporal (IMC) inferior a 18,5. Un bajo IMC ya es un factor de riesgo para la salud ósea, y la combinación con dietas pobres en nutrientes puede potenciar el efecto adverso.
Según explicó Qi, “la asociación podría ser más fuerte entre los menores de 65 años debido a una función digestiva más eficiente, que absorbe más de los ingredientes nocivos presentes en los ultraprocesados”. El especialista sugirió que la edad y la constitución física influyen en la magnitud del daño potencial.
La proliferación de alimentos ultraprocesados responde a cambios en los hábitos alimentarios y en la industria alimentaria global. Estos productos, que incluyen desde yogures saborizados hasta cereales para el desayuno y pizzas congeladas, se caracterizan por su practicidad, bajo costo y larga vida útil. El problema radica en su composición: suelen tener bajo contenido de ingredientes integrales y alto aporte calórico, con aditivos que los alejan de su estado natural.

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