Eunice Balbi, la insolencia de pintar: entre el mal de ojo y el feminismo

En Instagram, con más de 230.000 seguidores, habla de arte en un lenguaje llano y comprensible. Pero también presenta sus obras, que no se quedan en el narcisismo típico de la era digital

De chica dibujaba tanto que su madre, cuando se portaba mal, le quitaba los lápices como castigo. No era un capricho menor: para Eunice, dibujar era casi respirar. Y sigue siéndolo.

Tiene más de 230.000 seguidores en su cuenta de Instagram, abierta en 2024.

No creo que haya un solo crítico de arte en Argentina —incluyéndome— que tenga esa cantidad de gente escuchándolo hablar de arte.

Y ese fenómeno no es un detalle menor.

Su pintura refleja algo de ese mundo de exposición pública: muchas veces se pinta a sí misma. Incluso hay un cuadro donde aparece duplicada: La misionera. En esa obra, entre flores, enormes hojas y hongos, aparecen dos retratos de sí misma. Casi sin llamar la atención, vemos una víbora coral enredada en un brazo, un puñal en la mano de una de ellas cerca del pecho de la otra y una mano ensangrentada.

“Está presente el mito de la manzana y el pecado. La manzana cuelga, sin ser mordida; la serpiente, que es el pecado, está entrando en el pantalón porque es el hombre el que en realidad está pecando —un hombre que no aparece—. Ella, que mira al espectador, no quiere reconocerlo; la que la mira con el corazón ardiendo ya lo sabe”, dice Eunice.

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