03:07Estudiantes que viven en residencias para mayores: una feliz experiencia intergeneracional

En el Hogar Humanitas de Deventer, Países Bajos, junto a los residentes ancianos conviven jóvenes que retribuyen su alojamiento pasando tiempo con estas personas a las que ya consideran sus “abuelos”. La experiencia es enriquecedora y feliz para todos. ¿Existe algo similar en Argentina?

“Aprendí que una persona ajena a mi familia también puede convertirse en una abuela. En mi caso, esa persona es Marty Weulink, una mujer de 90 años que ya me considera su nieto. Los momentos con ella han sido los mejores aquí”, dice Soers Doman, de 20 años “Jamás imaginé que tomar sopa con una mujer que investiga sobre mis orígenes en Google usando el iPad que yo le enseñé a manejar me hiciera tan feliz”. Es el testimonio de Soers Doman, un joven holandés de 20 años, de familia kurda, que vive en el hogar Humanitas en la ciudad de Deventer, en Países Bajos.

Soers Doman es un estudiante universitario holandés de 20 años. Cuando llega a su residencia después de clases le gusta conversar con sus compañeros de piso. Pero no se trata de los habituales room mates de estudiantes. Los residentes con quienes comparte su día a día tienen, en algunos casos, más de 90 años. El joven vive en un hogar de ancianos, el Centro Residencial Humanitas, en la ciudad de Deventer, en el este de Holanda. El hogar halló una “fórmula ideal” para mejorar la calidad de vida de sus residentes.

Allí viven gratis estudiantes universitarios, que a cambio de su alojamiento interactúan con las personas mayores en las formas más variadas, desde enseñarles a tomar una selfie hasta cómo usar un iPad para comprar por internet. Es un sistema en el que “todos ganan”, según cuenta a BBC Mundo la directora del centro, Gea Sijpkes.

“Los estudiantes no se preocupan por el dinero para su vivienda y los residentes se benefician con el humor y la presencia de la juventud”, dijo Sijpkes. Los estudiantes aprenden además a “ser más compasivos y valorar la vida”.

Así lo testimonia también Soers Doman, en una entrevista con el diario El País. “Nada es obligatorio y no hay horarios establecidos para convivir, se trata de realizar tus actividades diarias e integrar a los demás. Puedes visitarlos en su vivienda (cada uno tiene baño, cocina y cama propia) y jugar o simplemente conversar. Si hacemos fiestas siempre los invitamos y rara vez dicen que no. Les encantan”, explica el joven.

El enriquecimiento mutuo es también cultural. En el caso de Soers, cuya familia es oriunda de Turquía, los residentes se interesan en su historia y en las razones de su venida a los Países Bajos. “La interacción se basa en cosas simples del día a día. Algunos residentes están muy interesados también en mi origen étnico, ya que soy kurdo, y también en mis amigos, en mis cursos, en cómo me va en los exámenes”, señaló Soers. “Yo vivo y estudio aquí, pero mis abuelos viven en Turquía, específicamente en el área kurda. Los conocí hace 10 años y jamás los volví a ver. Claro que me gustaría volver a encontrarlos, pero mientras eso pasa, aprendí que una persona ajena a mi familia también puede convertirse en una abuela. En mi caso, esa persona es Marty Weulink, una mujer de 90 años que ya me considera su nieto”.

Los comentarios están cerrados.