“Salimos todos enloquecidos”: el día que debutó Pescado Rabioso, la banda más salvaje de Luis Alberto Spinetta
Un capítulo del libro ‘Días de Pescado’ de Nicolás Igarzábal, cuenta todo lo que pasó en aquella madrugada de mayo de 1972, cuando una banda clave en la historia del rock argentino brindó su primer recital
Entre 1972 y 1973, Pescado Rabioso marcó un período de intensa actividad en la obra artística de Luis Alberto Spinetta. La banda, reconocida por su fusión de rock pesado, psicodelia y blues, destacó por letras surrealistas y una energía arrolladora en sus composiciones. Su corta vida transcurrió en el contexto de una Argentina sacudida por la dictadura de Lanusse, la violencia de Montoneros y el retorno de Perón, lo que influyó de manera directa en la atmósfera de sus canciones. Temas como “Despiértate, nena,” “Me gusta ese tajo” y “Post-crucifixión” emergieron en ese clima, convirtiéndose en clásicos del rock argentino.
El bautismo oficial de Pescado, ese que quedaría en las enciclopedias rockeras, se produjo el 5 de mayo. Técnicamente, el 6, porque el show estaba anunciado para la una menos cuarto en el Cine Metro, ubicado en la calle Cerrito 570, a dos cuadras del Obelisco. Inaugurado en 1956, proyectaba películas de los estudios Metro-Goldwyn-Mayer y en el primer piso funcionaba su distribuidora local. Tenía una pantalla de veinte metros de largo, el mejor sonido de la época y la particularidad de que todas las acomodadoras eran mujeres.
Por ahí ya habían pasado, en diciembre del 71, Pappo’s Blues (con David y Black: último show juntos) y La Pesada del Rock and Roll. Ambos shows terminaron con butacas destrozadas por el público, así que a Pescado le pidieron una garantía de alquiler ante posibles roturas. Los ayudó entonces un amigo de la infancia de Bocón, un comerciante llamado Germán Cázeres, que tenía una boutique de ropa de mujer en la avenida Santa Fe. Siendo una ocasión tan especial, también les dio una mano con el vestuario y le confeccionó unos pantalones de brocato a Luis, con motivos florales, y unos de terciopelo azul a Black y a Bocón.
El aviso en los diarios y los afiches, que salieron a pegar los propios músicos con engrudo por las calles, decía “Recital de rock” con un pescado metiéndose en la oreja de un personaje todo derretido. Habían empapelado la avenida Corrientes, bajando desde Callao hasta Alem, fijándolos en los postes de luz y en las paredes.
Arrancaron a la una y cuarto, después de la última función del western Dos vaqueros errantes. En la entrada se entregaba un programa con el dibujo de un pescado echando espuma por la boca y un texto de bienvenida: “Toda forma de belleza intenta reproducir los sentimientos de la vida en el paraíso. El ROCK es justamente la sensación que representa aquellos sentimientos de los habitantes del paraíso, en el momento preciso en que el que fueron condenados a abandonar la supuesta perfección. Gracias por venir de tan lejos. Recuerden que cada butaca tajeada y cada pucho que se quema en la alfombra es una sala más que cierra a la música de ROCK. PESCADO RABIOSO”.
Al salir al escenario, lo primero que hizo Spinetta fue aclarar que no estaba enfermo, debido a falsos rumores que venían circulando sobre su salud. Lo segundo fue juguetear con el tema “Bleeding Heart”, cover que hacía Hendrix. Rompieron el hielo con “El monstruo de la laguna” y de a poco se fueron soltando. Le siguieron “Blues de Cris”, “Dulce 3 nocturno”, con los músicos sentados en sillas, empuñando guitarras acústicas, y el estreno de un rock and roll que se volvería clásico: “Me gusta ese tajo”.

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