Hegemonía política, incertidumbre económica
El respaldo parlamentario conseguido por Milei contrasta con la falta de señales claras que impulsen inversiones y reactiven el aparato productivo
El oficialismo acaba de coronar su mejor semana en el ámbito legislativo desde el fulgurante ascenso de Javier Milei a la Presidencia de la Nación en diciembre de 2023. Es que ni con la sanción de la tan mentada Ley Bases el oficialismo libertario había podido avanzar con iniciativas de alta relevancia política con la rapidez, la holgura de votos y el respaldo transversal, como sucedió esta semana en ambas cámaras del Congreso de la Nación.
Algo que ni Alfonsín, ni De la Rúa ni Macri pudieron conseguir, Milei lo alcanzó no solo con holgura sino con el acompañamiento de legisladores que responden a un puñado de gobernadores peronistas y ante la inédita imagen de una Plaza del Congreso que, aunque con algunos incidentes, lució casi vacía ante una magra movilización en la que la CGT tuvo una presencia meramente simbólica.
Sin perjuicio de la holgura que reflejó el tablero de la votación, también debe decirse que el oficialismo exhibió una renovada estrategia que combinó firmeza en algunos puntos que consideraba de vital importancia con importantes dosis de flexibilidad y pragmatismo en otros susceptibles de ensanchar apoyos. Una actitud que no solo quedó en evidencia con el retiro de la reducción de la alícuota de Ganancias que era resistida por los gobernadores, sino con modificaciones tendientes a contener los reclamos de otros sectores empresarios (como los bancos) e incluso a los propios sindicatos, a quienes se les preservó buena parte de sus tradicionales mecanismos de financiamiento.
Si en el Senado el peronismo quedó aislado pero logró mantener la precaria unidad de los bloques que se identifican explícitamente con el espacio justicialista (algo que, por cierto, podría cambiar la semana próxima con la potencial ruptura por parte del bloque de “Convicción Federal”), en la cámara baja la dispersión y la fragmentación fueron la norma. Mientras en la votación en general del proyecto de baja de la edad de imputabilidad el peronismo logró mantener la unidad, en la votación en particular de esta iniciativa y, con más claridad, en la votación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, las diferencias y líneas de fractura fueron inocultables.
Lo cierto es que aún ante un gobierno que avanza sin obstáculos en el Congreso y proyecta la imagen de gobernabilidad que no supo ostentar en el primer tramo de su gestión, ni siquiera la aprobación de uno de los pilares de la tan mentada etapa de “reformas estructurales” parece ser suficiente para exorcizar algunos fantasmas que alimentan la cautela o incluso la desconfianza de los inversores internacionales que, luego de dos años de un gobierno abiertamente pro mercado, aperturista y desregulador, todavía no se deciden a traer al país las inversiones significativas que podrían promover una reactivación de la economía.
Sabiendo que la reforma laboral, más allá de los discursos y argumentaciones oficialistas, no estimulará la creación de empleo, el 2026 asoma complicado en lo que respecta al programa económico. Sin indicios de que la economía pueda recuperarse en los aspectos que se sienten en el bolsillo, el oficialismo parece aferrarse a la sensación de estabilidad que proyecta un escenario de calma cambiaria y relativa estabilidad financiera y macroeconómica (con la alerta de la inflación, más aún tras el papelón de la suspensión del nuevo índice)

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