03:38Cuando Buenos Aires fue devastada por la fiebre amarilla: muertos apilados en las calles y el paso del tren fúnebre

Hace 155 años las autoridades admitieron la peor noticia: la ciudad era víctima de una epidemia de fiebre amarilla. En los primeros cuatro meses de 1871 se vivió de todo, desde la entrega desinteresada de los médicos hasta las peores miserias en las que puede caer un ser humano

Oficialmente, se tiene el 27 de enero de 1871 como fecha de inicio de la epidemia del “vómito negro”, como se lo llamaba, con tres muertos hallados en San Telmo, aunque días atrás ya habían aparecido los primeros casos. Entonces, la reacción de las autoridades fue la de negar la realidad. Porque cuando el 21 de enero, en la vivienda de Cochabamba 113 apareció muerta toda la familia Bignollo, policías de la comisaría 14°, que fueron los primeros en llegar, supieron que había sido por la fiebre amarilla.

En un principio confundieron la fiebre amarilla con una tifoidea especialmente agresiva. El pico comenzó el 27 de marzo y el mayor número de muertos en un solo día se registró el 13 de abril, con 501 defunciones.

La salubridad era casi nula. Las calles no tenían pavimento y los terrenos se rellenaban con basura. Casi ni existía el servicio de aguas corrientes y la población consumía el agua contaminada con sustancias orgánicas de aljibes y pozos. La fruta permanecía días al rayo del sol y muchos obreros, que trabajaban en el puerto, vivían hacinados con sus familias en precarias barracas de madera. A este panorama se sumaban los conventillos, con sus piezas atestadas de familias.

Recién para el último día del carnaval se prohibieron los bailes de disfraces. En ese mismo momento, cerraron las escuelas y la Universidad de Buenos Aires. Los vecinos de Barracas, barrio que tuvo su primer caso el 17 de febrero, destruyeron los elementos que se iban a usar para levantar -por precaución- un lazareto, ya que no querían “apestados” que viniesen del centro.

El panorama en la ciudad era desolador. En la propagación de la enfermedad para el norte y el oeste, mucha gente dejaba sus viviendas, algunas con las puertas sin llave, abandonándolo todo. Las que tenían recursos, se instalaban en la zona norte; otras se fueron al campo, donde se encontraron con que los alquileres habían subido notoriamente.

El gobernador bonaerense Emilio Castro anunció que habilitaría alojamientos especiales fuera de la ciudad para la gente de escasos recursos que quisiesen dejar la ciudad. Y un buen número de inmigrantes -especialmente apuntados los italianos como los causantes de la epidemia y donde se registraron la mayor cantidad de muertos- se subieron a los barcos y regresaron a sus países. Las autoridades también debieron atender otro grave problema, que fue el alto número de huérfanos que provocó el flagelo.

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