Advierten que un fenómeno impulsado por el cambio climático afecta la circulación del Atlántico

Un análisis, que combina observaciones directas y simulaciones, indica que esta tendencia puede afectar de forma prolongada al océano

El debilitamiento de la llamada ventilación oceánica en el Atlántico Norte ha comenzado a despertar preocupación entre los expertos, al observarse una lenta pero constante renovación de las aguas profundas en las últimas décadas.

Una ralentización de la circulación oceánica tiene consecuencias de gran alcance para la regulación climática, así como para el suministro de oxígeno al océano y su absorción de carbono”, sumaron.

Este indicador, que mide la diferencia entre la concentración de oxígeno en la superficie oceánica y la realmente hallada en profundidad, se eleva cuando el oxígeno se consume durante periodos prolongados en el interior marino, reflejando así una reducción en el aporte de agua rica en oxígeno a las capas inferiores.

“La combinación de observaciones y modelos proporciona una imagen consistente: las aguas del Atlántico Norte están envejeciendo, y esto está en consonancia con el debilitamiento esperado de la circulación del Atlántico Norte como consecuencia del calentamiento global”, destacó el profesor Andreas Oschlies, jefe del grupo de investigación en modelado biogeoquímico.

El análisis desarrollado por el equipo de GEOMAR integró datos obtenidos tanto de observaciones directas como de simulaciones con siete modelos acoplados del sistema terrestre. Utilizaron como referencias químicas gases industriales de larga vida como CFC-12 y hexafluoruro de azufre (SF₆), que desde los años 80 permiten rastrear el tiempo desde que una masa de agua estuvo en contacto con la atmósfera por última vez. Estas “marcas de tiempo” químicas han sido clave para reconstruir los procesos de ventilación del océano en las últimas décadas, según describe el estudio.

Este patrón de envejecimiento oceánico no es homogéneo en toda la región. Los investigadores indican que la tendencia es especialmente marcada fuera del mar de Labrador, donde la variabilidad natural —motivada por cambios en el viento y patrones climáticos— queda eclipsada por el envejecimiento a gran escala y a largo plazo de las masas de agua.

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