La velocidad de las canchas: el debate que sacude al tenis y promete más polémica en 2026

La tendencia a reducir el ritmo de las pistas encendió una interna en el circuito. Muchos sostienen que favorece a los especialistas en resistencia y contragolpe, y que profundizará brecha entre Alcaraz, Sinner y el resto

El cierre de la temporada dejó expuesta una tensión latente que promete profundizarse en 2026: la velocidad de las canchas, un factor clave en el desarrollo del juego y en la identidad del tenis moderno.

El cambio se hizo visible tras el último Masters 1000 de París. El certamen mudó su sede y redujo el CPI de 46,6 puntos registrados en 2024 a 35,1 en 2025. La decisión dejó las pistas apenas por encima de Shanghai, catalogado como el torneo más lento sobre superficie dura.

Alexander Zverev fue uno de los primeros en advertirlo públicamente y sugirió que la desaceleración beneficiaba estilos como el de Alcaraz y Sinner. La declaración encontró eco en varios jugadores franceses, que se sumaron a las críticas.

El director del torneo parisino, Cedric Pioline, justificó la decisión: buscaban emparejar la velocidad con las condiciones del ATP Finals para favorecer la transición hacia el torneo que cierra la temporada. París se convirtió así en un “Queen’s funcional” previo al Masters, pero con una desaceleración mayor a la prevista: la superficie quedó un 25% más lenta.

Roger Federer advirtió hace años sobre la desaparición de las canchas rápidas. El césped, históricamente el refugio de los jugadores ofensivos, también modificó su comportamiento. Desde 2001, Wimbledon redujo la altura del corte a no más de 8 milímetros y endureció la base, lo que provocó que la pelota pique más sobre la tierra que sobre el pasto.

Algo similar ocurrió en Australia con el Rebound Ace y también en la década del ’90 con el polvo de ladrillo, cuando se redujo espesor para atraer a especialistas de pistas rápidas.

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