La incapacidad del PJ de superar la ruptura del kirchnerismo condiciona el armado de un proyecto en 2026

En Fuerza Patria advierten que el esquema de poder creado por Néstor Kirchner se convirtió en una corriente interna del espacio político y que perdió la capacidad de conducir a la mayoría. Grietas, ciclos cumplidos y la necesidad de un acuerdo mínimo

El kirchnerismo se rompió. Lo aceptan sus dirigentes. Tal vez eviten decirlo en público para no herir susceptibilidades. Pero lo asumen con la resignación que imprime la crueldad de la política. Nada es eterno. Nadie es eterno. Cambian las caras, los contextos, las necesidades, la llegada a las masas. El kirchnerismo ya no es la fuerza que supo ser en el comienzo del milenio. Hay un proceso político que terminó.

Al kirchnerismo lo rompieron la condena, inhabilitación y detención de Cristina Kirchner; la decisión de Axel Kicillof de no apoyar el desembarco de CFK en la presidencia del PJ Nacional; la canción que el camporismo entonó contra el Gobernador en el Club Atenas de La Plata; el desdoblamiento electoral; y la desconfianza permanente, sistemática y profunda entre el kicillofismo y el cristinismo.

“Adentro está todo roto. Hay muchas tensiones, muchas divisiones. Axel y los intendentes, por un lado. Cristina y La Cámpora, por el otro. El kirchnerismo no existe más como unidad política”, graficó un importante dirigente camporista, que acepta la realidad lejos de las reivindicaciones obtusas y sordas que realizan los que están en el extremo de una organización que convive lejos del centro.

El kirchnerismo quedó concentrado en un dispositivo político pensado y ejecutado durante el último año y medio. El PJ Nacional, La Cámpora y Primero la Patria. Tres sectores para contener al cristinismo y al peronismo K. A la dirigencia que sigue viendo en CFK una líder indiscutida y con una cabeza lúcida. Los tres armazones, jugando en sintonía en el mapa político, intentan dar una muestra de amplitud.

La mesa chica del cristinismo pensó la edificación de esa estructura para correr los márgenes de un armado político que decreció en forma brusca el día que Kicillof le dio vida al Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y logró alinear a cerca de 40 intendentes y representantes de distintos sindicales detrás de su potencial candidatura a presidente.

En ese esquema creado para sostener al gobernador en el proceso de autonomía a Cristina Kirchner hay una resistencia muy grande a la dirigencia camporista, sus modales, sus formas de entender y manejar el poder. Son esos intendentes, encuadrados en una visión más clásica del peronismo, los que pasaron por el kirchnerismo y, una vez que el mandatario bonaerense pegó el portazo, se subieron a un colectivo que los aleje del mundo K.

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