05:41Renunció a su trabajo de oficina para vender contenido porno en Only Fans: “En un día gano lo mismo que lo que ganaba en un mes”
Aguz Tana tiene 34 años, es bisexual y arrancó intercambiando videos con parejas swinger “para ver si había onda”. Pero todo cambió cuando le ofrecieron “mucho dinero” por una de sus filmaciones y optó por monetizar esos contenidos de manera profesional
Durante años, Aguz Tana creyó que su destino estaba atado a un escritorio, a un monitor y a un horario fijo de nueve horas diarias en el centro porteño. Vivía atrapada en la rutina típica de oficina: despertarse antes del amanecer, viajar apretada en colectivo, cumplir una jornada laboral que parecía interminable y volver a casa cuando el día ya estaba perdido. Aún después de haber intentado emprender con su propia oficina de seguros —un sueño que la pandemia pulverizó—, seguía sintiendo que “trabajaba para sostener la vida de otros”.
“Era una herramienta para decidir encuentros. Pero una noche, una de esas parejas me hizo una propuesta que me descolocó. Quería comprar un video y me ofrecía mucho dinero”, recordó. El pedido, que al principio sonó extraño, luego se transformó en una curiosidad para empezar a monetizar esas filmaciones.
Aguz ni siquiera sabía bien qué era OnlyFans. Apenas tenía una idea vaga, distorsionada, de lo que implicaba vender contenido sexual. Pero el dinero ofrecido era real, inmediato y, para sus parámetros de empleada de oficina, descomunal.
Se asustó, dudó y lo pensó mil veces. ¿Y si duraba poco? ¿Y si la estigmatizaba para siempre? ¿Y si, por apostar a esto, terminaba perdiéndolo todo? La duda pesaba, pero más pesaba la certeza de que ya no soportaba la rutina de la oficina. Así que un día tomó la decisión: dejar el trabajo corporativo para dedicarse de lleno a la producción de contenido para adultos. “Imaginate que en un día gano lo mismo que trabajando un mes en la oficina”, ejemplificó.
Al principio, la estrategia fue el anonimato. Creó dos cuentas de OnlyFans —una gratuita y otra VIP— y bloqueó el acceso desde ciudades argentinas y países limítrofes. No quería exponerse. No aún.
El contenido que producía era amateur: cámara en mano, luz natural, historias reales recreadas frente al lente. Y pronto descubrió que esa crudeza era su mayor capital. “Mientras otros apostaban por una estética porno bien producida yo iba más por el lado de lo genuino y me funcionó”, remarcó. “No hay nada que la gente consuma más que lo real”.

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