El Gobierno sostiene la apuesta al súper peso y toma como modelo el plan anti-inflacionario de Israel

El Banco Central prevé un proceso de reactivación del crédito y recomposición de la demanda de dinero tras la estabilización, con el plan israelí de 1985 como modelo de referencia

El Gobierno de Javier Milei espera que, superado el período electoral—en el que resultó vencedor—, se consolide una fuerte recuperación en la demanda de dinero, lo que permitiría sostener el precio del dólar dentro del esquema de bandas establecido.

El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, expuso ante inversores en Washington una presentación titulada “Monetary Targeting: From Stabilization and Regime Transition to Re-monetization”, donde describió la hoja de ruta prevista para la economía argentina entre 2024 y 2026. El esquema planteado contempla tres etapas: estabilización, transición de régimen y re-monetización.

En la primera fase, durante 2024, se adoptó un objetivo monetario para dejar atrás la inflación elevada. “El desafío consistió en establecer un esquema de metas monetarias que eliminó la dominancia fiscal y el exceso de dinero en circulación”, explicó Werning. El éxito se evaluó a través de la baja acelerada de la inflación y los ajustes en los precios relativos internos.

Durante la segunda fase, proyectada para 2025, el Banco Central propuso adaptar su objetivo monetario para dejar atrás la represión financiera originada por los controles cambiarios, enfrentando al mismo tiempo el riesgo de eventos electorales. Según la exposición, este proceso implica “dolencias de corto plazo”, porque el anclaje nominal en la cantidad de dinero exige flexibilidad cambiaria y de tasas de interés.

En este contexto, el BCRA planificó modificar su política monetaria al levantar los controles cambiarios en abril y eliminar el esquema de LEFI en julio, con el fin de separar la dinámica inflacionaria del tipo de cambio y alcanzar un equilibrio externo. El documento destacó que la administración activa del mercado local —a diferencia de la gestión pasiva previa— ya está evidenciando beneficios de largo plazo a través del manejo de la liquidez y las operaciones de mercado.

Werning también alertó que, en 2025, la economía podría atravesar un “riesgo de evento”: un shock electoral que deprime la demanda de dinero. En ese momento, el desafío será gestionar la aversión al riesgo en una economía bimonetaria, marcada por la preferencia de los argentinos por el dólar. El éxito de la política monetaria se medirá, según la presentación, por la capacidad de revertir una caída abrupta en la demanda de dinero, en un entorno donde la cobertura cambiaria equivale al 40% del agregado M2 en la previa de las elecciones (circulante y depósitos no remunerados en cuentas corrientes y cajas de ahorro).

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