06:19El bar porteño que fue despacho de un vicepresidente y al que los clientes ruegan entrar a tomar café aunque esté cerrado
Varela Varelita abrió hace 75 años y es uno de los Bares Notables de la Ciudad. El lomito completo es su plato estrella, su administrador empezó como lavacopas y hay un candidato al Nobel que lo visita
Hay una especie de subgénero humorístico en el que los chistes siempre empiezan así: “Entran a un bar…”. Y los que entran al bar pueden ser un español, un italiano, un húngaro y un correntino. O Sigmund Freud, Maradona, Amelita Baltar y Michael Jackson. O un dentista, un rinoceronte, un bombero voluntario y una cebra.
Hay parroquianos que iban todas las mañanas y que ahora van cuando una cuidadora, un hijo o una sobrina los llevan un rato en medio de un paseo antes de volver al geriátrico en el que viven. Y hay adolescentes que hojean alguno de los diarios de papel que el bar les ofrece: parece la performance de un museo de arte contemporáneo pero ahí están, cerca de una ventana en la que entre el sol.
Pasan de Política a Internacionales y a Deportes y a Policiales, comen una medialuna o un sandwich y se devuelven al mundo en la esquina de Scalabrini Ortiz y Parguay, donde el Varela Varelita empezó a existir hace 75 años, aunque llamándose Ricky.
En las mesas del local, que hasta hace un tiempo eran unas veinte y ahora llegan a 32 porque lo que era un kiosco se transformó en parte del salón, hay una mamá y un hijo que salió del jardín, y otra hija que debe tener siete u ocho años y juega a ser grande con una amiguita en otra mesa. Se piden una Fanta cada una y hablan bajito para que los adultos no escuchen.
Hay cuatro jubiladas, vecinas del bar, que una vez por semana juegan en una mesa al Burako. Cubren las mesas con su paño verde, una pide un café, las otras tres, un vaso de agua. Es fin de mes, no da para más consumo que ese, pero saben que nadie las va a instar a consumir más ni a que se apuren para que alguien nuevo ocupe la mesa. Esa es otra de las claves de este bar en el que el paisaje empieza a cambiar a la hora del vermú, cuando el sol baja.
A la noche, la edad promedio del Varela Varelita baja y el ticket promedio de consumo, sube. Una caja que durante el día cobra sobre todo cafés, medialunas y algunos almuerzos, a la noche cobra cervezas, tragos, cenas. Y los cobra hasta bastante más tarde que hace algunos años atrás: el bar ya no cierra a las 11 de la noche como máximo, sino que extendió su horario hasta no menos de la una de la madrugada.

Los comentarios están cerrados.